Arguedas, traductor de los manuscritos de Melquíades

El 2 de diciembre de 1969, José María Arguedas se suicida. “Enfermo de Perú se mata” dice Eduardo Galeano (1986: 184). Sucumbe a un alud de lodo y piedra que lo arrastra hasta el fondo de las palabras, al suelo del silencio. Escritura y destrucción hilvanan una trama poderosísima en la que el centro...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Aguierrez, Oscar Martín
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2019
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/184197
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/184197
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
MANUSCRITO QUECHUA DE HUAROCHIRÍ
TRADUCCIÓN
FRANCISCO DE ÁVILA
https://purl.org/becyt/ford/6.2
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:El 2 de diciembre de 1969, José María Arguedas se suicida. “Enfermo de Perú se mata” dice Eduardo Galeano (1986: 184). Sucumbe a un alud de lodo y piedra que lo arrastra hasta el fondo de las palabras, al suelo del silencio. Escritura y destrucción hilvanan una trama poderosísima en la que el centro de su literatura es siempre la experiencia dolorosa del lenguaje materializada en la presencia de una palabra entrecortada. La lengua está herida y, en el centro de ese tajo, Arguedas zigzaguea entre dos mundos como los zorros, intentando anudar el arriba con el abajo. El 2 de diciembre de 1969 el nudo se corta y la lengua de los zorros deja inconclusa una apuesta estética que acumula en la ficción ríos, puentes, lagos, imágenes incómodas en las que se juega la lógica de las postas y los cruces junto al flagelo de quien decide perforar muros. La palabra rota de Arguedas es como el río pedregoso, trae esos cantos desgarrados de antaño que lograron cruzar el tiempo pero que no olvidan el filo de la piedra raspando la herida del agua.