El principio de la densificación como argumento central de la sustentabilidad urbana: Una visión crítica.

La idea de una “ciudad densa” no fue bien aceptada del todo durante el siglo xix (Rogers, Gumuchdjian, y Maragall, 2000, p. 2). Por un lado, la “ciudad medieval” derribó sus murallas para aliviar el grave hacinamiento que provocaba un sinfín de enfermedades contagiosas (p.e. iebre amarilla en Barcel...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Jorge Alberto Montejano Escamilla
Tipo de recurso: capítulo de libro
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2017
País:México
Institución:Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial
Repositorio:Repositorio Institucional Centro GEO
Idioma:español
OAI Identifier:oai:centrogeo.repositorioinstitucional.mx:1012/276
Acceso en línea:http://centrogeo.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1012/276
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:info:eu-repo/classification/cti/5
info:eu-repo/classification/cti/54
info:eu-repo/classification/cti/5404
info:eu-repo/classification/cti/540401
Descripción
Sumario:La idea de una “ciudad densa” no fue bien aceptada del todo durante el siglo xix (Rogers, Gumuchdjian, y Maragall, 2000, p. 2). Por un lado, la “ciudad medieval” derribó sus murallas para aliviar el grave hacinamiento que provocaba un sinfín de enfermedades contagiosas (p.e. iebre amarilla en Barcelona en 1821 o la devastadora cólera en Londres en 1854); para reducir problemas sociales de insalubridad derivados de la ciudad industrial (exposición a humos tóxicos, apiñamiento y pobreza), y para reducir los altos precios del suelo. 1Por otro, surgieron movimientos reivindicadores de una mayor calidad de vida asociada al contacto directo con la naturaleza y a entornos mucho menos densos, como la “ciudad jardín” o el movimiento de los new towns (Abercrombie, 1945; Howard y Osborn, 1965). A pesar de que hacia 1920 la “ciudad dispersa” en los EEUU era ya una realidad en ciudades como Chicago o Nueva York, el proceso de metropolización del territorio en “baja densidad” se convirtió en una constante después de la Segunda Guerra Mundial, con el regreso de las tropas norteamericanas a su país y la necesidad de dar vivienda a más de 15 millones de soldados hacia 1947 (Greene, 2004). Del otro lado del Atlántico, la densidad también había declinado drásticamente en Inglaterra, pasando de 250 viv/ha en 1900 a un promedio nacional de 25 viv/ha hacia 1999 (Rogers y Power, 2000).