El rostro ajeno: máscara, laberinto y minotauro

El rostro ajeno (Tanin no kao), película de Hiroshi Teshigahara (1966) con guión de Kôbô Abe a partir de su novela (1964), propone una rigurosa especulación sociológica y filosófica sobre lo anómalo, lo monstruoso y sobre la pérdida de identidad. El presente trabajo se centrará en el comentario espe...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Santos, Antonio|||0000-0002-8818-4013
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2022
País:España
Institución:Universidad de Cantabria (UC)
Repositorio:UCrea Repositorio Abierto de la Universidad de Cantabria
Idioma:español
OAI Identifier:oai:repositorio.unican.es:10902/31864
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/10902/31864
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Cerámica Jômon
Hiroshi Teshigahara
Kôbô Abe
Minotauromaquia
Pablo Ruiz Picasso
Jômon Pottery
Minotauromachy
Descripción
Sumario:El rostro ajeno (Tanin no kao), película de Hiroshi Teshigahara (1966) con guión de Kôbô Abe a partir de su novela (1964), propone una rigurosa especulación sociológica y filosófica sobre lo anómalo, lo monstruoso y sobre la pérdida de identidad. El presente trabajo se centrará en el comentario específico de tres breves escenas en las que se confrontan las perspectivas del deformado protagonista y su esposa entre dos referentes artísticos muy distantes: la Minotauromaquia de Pablo Picasso, y la ancestral cerámica Jômon, que se sitúa en los orígenes mismos de la historia y la cultura japonesas. Aquel emblemático aguafuerte, obra fundamental del artista malagueño (1935), se reconoce en los episodios que definen la crisis del matrimonio dentro del entorno doméstico. Su presencia, además de ilustrar el desencuentro emocional, genera un sofisticado recurso metalingüístico, al dar forma a una subtrama ajena al argumento principal, al que complementa y confiere un nuevo sentido. El hogar de los Okuyama se reconoce, a partir del contraste entre obras artísticas muy diferenciadas, como un espacio de muerte, de impostura y de extravío: una tumba doméstica y un laberinto existencial. Pero aún es posible reconocer otras cuestiones de calado; en el curso de la escena, el arte moderno se confronta y dialoga con el arte primitivo. La minotauromaquia y la cerámica prehistórica establecen un vínculo cerrado entre el principio y el fin del arte, ilustrando el retorno a los orígenes como vía de renovación artística. Del mismo modo que Picasso acude a los mitos primordiales y a las culturas ancestrales para dar nuevo impulso a su arte, Teshigahara reivindica las raíces culturales e históricas del pueblo japonés como fuente original.