No se toca. La difícil formalización del (con)tacto en el arte

[ES] Entre los ya tradicionales carteles de «No tocar», las cintas en el suelo, o el guarda de sala, ojo avizor ante cualquier imprudente, casi toda visita a alguna exposición presenta una articulación en negativo del (con)tacto. Rara vez se le deja operar como un elemento artístico, sea como una po...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Eizaguirre Granados, José
Formato: capítulo de livro
Fecha de publicación:2024
País:España
Recursos:Universitat Politècnica de València (UPV)
Repositorio:RiuNet. Repositorio Institucional de la Universitat Politécnica de Valéncia
Idioma:español
OAI Identifier:oai:riunet.upv.es:10251/212568
Acesso em linha:https://riunet.upv.es/handle/10251/212568
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Tacto
Contacto
Tocar
Háptico
Contingencia
Descrição
Resumo:[ES] Entre los ya tradicionales carteles de «No tocar», las cintas en el suelo, o el guarda de sala, ojo avizor ante cualquier imprudente, casi toda visita a alguna exposición presenta una articulación en negativo del (con)tacto. Rara vez se le deja operar como un elemento artístico, sea como una posibilidad real ante la obra o parte de una elaboración discursiva y, a veces, incluso obras inicialmente pensadas para ser tocadas acaban tras vitrinas.Históricamente marcado por la dificultad para definirlo, una reducción conceptual al contacto, y una falaz contraposición con la vista, el concepto de tacto es, en realidad, mucho más rico tanto en amplitud como en indeterminación. Como sentido, incluye no solo la presión, sino también el calor, dolor, hambre, picor, e incluso, según a quien se pregunte, la propiocepción o el equilibrio. Como intercesor clave en nuestra interacción con nuestro entorno, el tacto posee una gran fuerza simbólica y metafórica, de todavía limitado despliegue en el arte.En esta presentación buscamos ofrecer algunas reflexiones sobre las dificultades que rodean, en el arte, tanto a la articulación discursiva de la riqueza conceptual del tacto como al empleo del contacto como medio de interacción, entre personas o con una obra física. En pocas palabras, por un lado, el tacto posee una extensa ambigüedad innata que dificulta su conceptualización y transmisión, tanto como concepto puro como en un contexto social o político. Por otro, el contacto inevitablemente abre unas contingencias incompatibles con la sacralidad que normalmente le concedemos a ciertos objetos o personas, sea por justificar la distinción entre arte y artesanía, proteger el estatus de la obra como mercancía o patrimonio, o la integridad y autonomía corporales. Estas cuestiones marcan los límites éticos, prácticos y legales del (con)tacto en el arte, pero en detrimento de su desarrollo conceptual.