El hábito intelectual como término de la actividad didáctica

Demostrar que la educación intelectual radica en el hábito intelectual; que el hábito intelectual es la base del perfeccionamiento humano e imprescindible por el carácter discursivo del entendimiento; que éste es único bajo su aspecto formal y múltiple bajo el material; y que se consigue al término...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Pizarro Sabido, Ángela
Tipo de recurso: tesis doctoral
Fecha de publicación:1978
País:España
Institución:Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP)
Repositorio:Redined. Red de Información Educativa
OAI Identifier:oai:redined.educacion.gob.es:11162/42155
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11162/42155
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:teoría de la educación
psicología de la educación
hábito de aprendizaje
proceso de aprendizaje
Descripción
Sumario:Demostrar que la educación intelectual radica en el hábito intelectual; que el hábito intelectual es la base del perfeccionamiento humano e imprescindible por el carácter discursivo del entendimiento; que éste es único bajo su aspecto formal y múltiple bajo el material; y que se consigue al término de la actividad didáctica y colateralmente con ella, si reúnen determinadas condiciones. Se inicia con la problemática del hábito para después centrarse en el hábito intelectual. También se repasan las divergencias significativas del hábito en la psicología moderna, centrándose en la teoría de Dewey y de Ravaisson. Y por último, se analiza la actividad didáctica y su entorno, principalmente la relación instrucción educativa-consecución de hábitos y aprendizaje-hábito. El hombre es sujeto de hábito en sentido de propium. Solo pueden considerarse hábitos los radicados en las facultades superiores del hombre, es decir, entendimiento y voluntad. Por ello, ni los seres ontológicamente superiores al hombre ni los inferiores pueden tener hábitos en este sentido. De entre todos los hábitos, el intelectual es básico para la adquisición de otros como los morales. El hombre es educable en la justa medida de sus posibilidades de habituación y la educación se consuma en él cuando usa de sus hábitos. No toda instrucción produce automáticamente hábitos operativos, sólo quella que lleva los elementos que le confieren el modo de perfección necesario para la formación de hábitos. Por tanto, hábito solo se puede dar en el hombre; supone una posibilidad de autoperfeccionamiento; y presupone la existencia de racionalidad y libertad.