El celibato de los laicos como desarrollo de la gracia bautismal a partir del Concilio Vaticano II

La llamada universal a la santidad tiene su origen en el evangelio. Es el mismo Cristo quien anima a buscarla: «sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (S. Mateo 5, 48). Todo bautizado: casado, célibe, viudo, sacerdote, religioso, etc., debe luchar por alcanzar este ideal se...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Villamar-Rosales, A.R. (Álvaro René)|||/items/991ce8bb-40db-4c61-84fb-763654e60222
Formato: artículo
Fecha de publicación:2021
País:España
Recursos:Universidad de Navarra
Repositorio:Dadun. Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra
Idioma:español
OAI Identifier:oai:dadun.unav.edu:10171/60724
Acesso em linha:https://hdl.handle.net/10171/60724
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Celibato
Laicos
Santidad
Celibacy
Laity
Holiness
Descrição
Resumo:La llamada universal a la santidad tiene su origen en el evangelio. Es el mismo Cristo quien anima a buscarla: «sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (S. Mateo 5, 48). Todo bautizado: casado, célibe, viudo, sacerdote, religioso, etc., debe luchar por alcanzar este ideal según las condiciones, personas, circunstancias, etc., de las que se encuentra rodeado. La llamada a la santidad es la misma para todos, sin privilegios, grados o diferencias. Es distinto el camino a través del cual cada uno de ellos debe conseguirla. El celibato es uno de los caminos a recorrer para buscar la santidad. Puede ser vivido por: sacerdotes, religiosos y laicos. Cada uno de ellos, juntamente con los demás fieles, tienen como objetivo la identificación con Cristo. Ser santos a través de ese camino. Fundamento de todo celibato es el de Cristo. De Él proviene su fuerza y ejemplo. Conocer las razones del mismo y sus características permite llevarlas al terreno del celibato vivido por los fieles bautizados: sacerdotes, religiosos o laicos. Ejemplo de celibato vivido por fieles laicos lo podemos descubrir desde los primeros tiempos de la Iglesia. En el siglo XXI encontramos instituciones laicales cuyos miembros viven esta característica dentro de la vocación a la santidad a la que se encuentran llamados. Se hace necesario continuar el estudio y la profundización en el mismo con el objetivo de poder explicar su belleza y atractivo.