Pasiones compensadas, vicios públicos e imágenes disruptivas en el recibimiento de un virrey

En 1716 se nombra como virrey del Perú al arzobispo Diego Morcillo, al cual la ciudad de Potosí rendirá un homenaje de tres días al pasar por ella, durante el viaje que emprende de Charcas a Lima para tomar posesión de su cargo. Repasando las principales fuentes de la entrada del virrey en dicha ciu...

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Detalhes bibliográficos
Autor: López Parada, Esperanza|||0000-0002-4240-8034
Formato: artículo
Fecha de publicación:2021
País:España
Recursos:Universitat Autònoma de Barcelona
Repositorio:Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ddd.uab.cat:258776
Acesso em linha:https://ddd.uab.cat/record/258776
https://dx.doi.org/urn:doi:10.5565/rev/nueind.84
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Compensated passions
Emblematic
Imperial politics
Potosí
Pasiones compensadas
Emblemática
Política imperial
Descrição
Resumo:En 1716 se nombra como virrey del Perú al arzobispo Diego Morcillo, al cual la ciudad de Potosí rendirá un homenaje de tres días al pasar por ella, durante el viaje que emprende de Charcas a Lima para tomar posesión de su cargo. Repasando las principales fuentes de la entrada del virrey en dicha ciudad -el gran cuadro del pintor boliviano Melchor Pérez de Holguín que custodia el Museo de América de Madrid; la relación escrita por Juan de la Torre, el artífice de las loas y decorados del recibimiento; y la crónica de Bartolomé Arzans de Ursúa y Vela en su Historia de la Villa Imperial- sorprende la inserción de datos contradictorios y alusiones veladas a la suerte del virrey -que solo lo fue durante apenas 50 días-, al juego de pasiones enfrentadas durante las fiestas de recepción -codicia vs. soberbia, vicios públicos vs. vicios privados- pero, sobre todo, al "gravísimo daño" a la cohesión comunitaria de la ciudad y sus habitantes que el nombramiento del ambicioso obispo desencadena. La emblemática y las metáforas desplegadas parece contar "otra historia" que no concuerda con la exaltación de la corona imperial a la que las ceremonias de recepción de virreyes se destinaban. Al contrario, Faetón, Ícaro, el coloso de Rodas, la muerte misma que todo lo iguala, figurados en los tapices que cuelgan a modo de emblemas disuasorios, pretenden recordarle al virrey que la soberbia es un arte vacío si no lucha en la prosperidad común.