La Edad Media que nos acompaña
La Edad Media está muy pre-sente en la sociedad actual. Es cierto que apenas se estudia en la escuela; pero no es menos cierto que se percibe bien viva en el ambiente: su mención se convierte en un reiterado calificativo para determinadas noticias narradas en periódicos impresos o digitales y coment...
| Autor: | |
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| Tipo de recurso: | artículo |
| Estado: | Versión publicada |
| Fecha de publicación: | 2017 |
| País: | España |
| Institución: | Varias* (Consorci de Biblioteques Universitáries de Catalunya, Centre de Serveis Científics i Acadèmics de Catalunya) |
| Repositorio: | Recercat. Dipósit de la Recerca de Catalunya |
| OAI Identifier: | oai:recercat.cat:10459.1/69602 |
| Acceso en línea: | http://hdl.handle.net/10459.1/69602 |
| Access Level: | acceso abierto |
| Palabra clave: | Medievalismo Discurso histórico Presente Pasado Mercado Medievalism |
| Sumario: | La Edad Media está muy pre-sente en la sociedad actual. Es cierto que apenas se estudia en la escuela; pero no es menos cierto que se percibe bien viva en el ambiente: su mención se convierte en un reiterado calificativo para determinadas noticias narradas en periódicos impresos o digitales y comentadas por periodistas y locutores; se identifica con ofertas de ocio familiar para fines de semana; se erige en una atractiva línea de videojuegos para el entretenimiento vía digital; a la vez, aparece insertada en todo tipo de discursos, ya sea a favor del progreso o invocando el reencuentro con identidades arraigadas pero a menudo maltratadas en la actualidad; incluso se convierte en una categorización con que proponer, desde la ciencia política, propuestas para acertar la estructuración adecuada para el mundo actual… De este modo, la Edad Media puede aparecer como una especie de tendencia capaz de calificar una gran gama de situaciones y ofertas (restaurantes, vestidos, objeto de decoración, propuestas lúdicas, etc.), bajo una diversidad de ideologías para, en definitiva, mostrarse como una realidad atemporal. La consolidación de lugares comunes y de referencias desinhibidas y ociosas no debería desorientar la mirada respecto de las significaciones ideológicas que, aunque sea de modo contradictorio, siempre fundamentan el lenguaje. En su diversidad de situaciones, mencionar la Edad Media no deja de ser una invocación histórica incrustada en el presente, pretendiendo, quizás, condicionar el futuro. En todos los casos, hablar de Edad Media abre un abanico muy diverso de sentidos y de significados, que a menudo desarrollan su propia orientación, alejándose, con una reiteración a menudo despreocupada, del período histórico evocado. Por ello, hay que preguntarse por el valor y la significación de la Edad Media ya no en las aulas universitarias o en el gabinete del historiador sino entre los hombres y mujeres que participan con naturalidad de la sociedad que está penetrando en el siglo XXI, sobre todo porque la comprensión situada en este ámbito no sólo es la realmente asumida por la población, sino que puede llegar a condicionar la com-prensión y difusión del relato histórico. |
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