La libertad como condición de posibilidad del crecimiento humano según Antonio Millán-Puelles

El objetivo del presente trabajo es mostrar, a partir de la especulación metafísica de Antonio Millán-Puelles, que la libertad bien entendida constituye el resorte más radical para posibilitar el crecimiento humano. La libertad constituye la dimensión propia de la naturaleza del ser personal, de ahí...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Lozano-Martín, A.E. (Ana Encarnación)|||/items/2280f3c6-60a2-4352-abaa-97e294972723
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2016
País:España
Institución:Universidad de Navarra
Repositorio:Dadun. Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra
Idioma:español
OAI Identifier:oai:dadun.unav.edu:10171/43234
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/10171/43234
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Libertad
Crecimiento humano
Virtud moral
Persona humana
Dignidad
Descripción
Sumario:El objetivo del presente trabajo es mostrar, a partir de la especulación metafísica de Antonio Millán-Puelles, que la libertad bien entendida constituye el resorte más radical para posibilitar el crecimiento humano. La libertad constituye la dimensión propia de la naturaleza del ser personal, de ahí que la aceptación del propio ser, sea condición de libertad. Esta afirmación lleva consigo que el crecimiento humano es un cre- cimiento en el orden del ser y por tanto requiere una fundamentación estrictamente ontológica que llegue al núcleo de su perfección. Esta libertad configurada desde la realidad del propio ser, no se limita al estrecho horizonte de los intere- ses personales ni se reduce a una mera capacidad de elegir. Se trata de una libertad que encuentra su espacio creativo en el ámbito del bien. El crecimiento humano no es solo un crecimiento en el orden del ser, sino también un crecimiento en armonía interior. La virtud moral integra la dimensión sensible y corporal con la dimensión social de la persona. Esta armonía se manifiesta en la facilidad y el agrado con los que se realiza los actos de virtud. Estos impulsos sensibles que participan de la razón, se convierten en principios del actuar humanos y son señal de la perfección del actuar humano. Esta connaturalidad afectiva con el bien convierte la afectividad en guía del juicio de la razón, acertando con lo verdaderamente bueno de modo espontáneo y seguro. En este contexto, el crecimiento humano adquiere un horizonte insospechado.