Victoria Ocampo, una “empedernida escribidora de cartas”

En 1971, Victoria Ocampo se define a sí misma como “una empedernida escribidora de cartas” y afirma: “Mis Testimonios son cartas disfrazadas, tal vez”. A partir de esta autofiguración, se trabajará el específico uso autoral que Ocampo le daba a su correspondencia como espacio híbrido, entre lo priva...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Barral, Manuela
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2023
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/229805
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/229805
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:VICTORIA OCAMPO
CORRESPONDENCIA
ARCHIVO EPISTOLAR
https://purl.org/becyt/ford/6.2
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:En 1971, Victoria Ocampo se define a sí misma como “una empedernida escribidora de cartas” y afirma: “Mis Testimonios son cartas disfrazadas, tal vez”. A partir de esta autofiguración, se trabajará el específico uso autoral que Ocampo le daba a su correspondencia como espacio híbrido, entre lo privado y lo público, para habilitar su escritura autobiográfica en un campo intelectual patriarcal. En 1931, en el número uno de Sur, incorporaba una carta personal que le había enviado a Waldo Frank para explicar el proyecto de la revista; en 1935, iniciaba el primer tomo de sus Testimonios recreando su intercambio epistolar con Virginia Woolf; luego, en su Autobiografía, de publicación póstuma, también incluye fragmentos de cartas de distintos remitentes y algunas enviadas a Delfina Bunge, Pierre Drieu La Rochelle y el Conde de Keyserling. Por último, al final de su vida, decide que sus más de 4000 cartas sean conservadas en la Universidad de Harvard. Se desarrollará la hipótesis de que para Victoria Ocampo sus cartas formaban parte de su obra literaria.