La exposición universal de Bruselas (1910): Una vidriera para los logros del batllismo

La Exposición Universal de Bruselas de 1910 constituyó el primer gran certamen internacional del Siglo XX al cual se presenta el Uruguay, y la inmediatamente siguiente instancia de este tipo a la participación en la de París de 1889; en ella el gobierno del Dr. Claudio Williman, continuador de la po...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Calvar, Didier
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2021
País:Uruguay
Institución:Universidad de la República
Repositorio:COLIBRI
Idioma:español
OAI Identifier:oai:colibri.udelar.edu.uy:20.500.12008/41699
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/20.500.12008/41699
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:BATLLISMO
EXPOSICION DE BRUSELAS
JOAQUIN TORRES GARCIA
ARTE
INDUSTRIA
Descripción
Sumario:La Exposición Universal de Bruselas de 1910 constituyó el primer gran certamen internacional del Siglo XX al cual se presenta el Uruguay, y la inmediatamente siguiente instancia de este tipo a la participación en la de París de 1889; en ella el gobierno del Dr. Claudio Williman, continuador de la política progresista iniciada por su predecesor: José Batlle y Ordóñez, pretendió exhibir los logros económicos, de institucionalidad y modernas leyes sociales que había alcanzado el Uruguay, con el propósito de proclamarlo un “pequeño país modelo”. El ostentoso pabellón, que no se correspondía con una pequeña república sudamericana,nos ilustra sobre el relieve que se procuraba alcanzar en ese concurso. En su interior se presentó la producción de una incipiente industria, sus manifestaciones artísticas y un número de gráficas demostrativas de un progresoque introduciríaal país en el mercado internacional como una marca de calidad llamada a atraer oportunidades de negocios y una inmigración europea visualizada como esencial para la construcción de un país “civilizado”, que se percibía a sí mismo como joven y aspiraba a un lugar de destaque por sus avances hacia ese proyecto. Se ofreció la primera oportunidad a un pintor desconocido hasta entonces: Joaquín Torres García, para que realizase un par de lunetos que representaran una alegoría de su abundancia como “tierra de promisión”.