La lectura de los textos y la autonomía de los campos intelectuales. Edward P. Thompson, Henry Miller y Georges Orwell

Nadie juzga o valora un documento desde un punto de vista puro. La relación del lector con su materia implica volcar toda una batería de recursos y sesgos incorporados, desde una posición específica y orientada por unos intereses determinados. Este hecho, que debería ponernos en guardia y animarnos...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: ALEJANDRO ESTRELLA GONZALEZ
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2011
País:México
Institución:Universidad Autónoma Metropolitana
Repositorio:Concentración de Recursos de Información Científica y Académica, UAM Cuajimalpa
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ilitia.cua.uam.mx:123456789/81
Acceso en línea:http://ilitia.cua.uam.mx:8080/jspui/handle/123456789/81
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:info:eu-repo/classification/cti/5
Epistemología
Intelectuales
Thompson, Edward PAlmer 1924-1993
Miller, Henry Valentine 1891-1980
Orwell, Georges 1903-1950
Descripción
Sumario:Nadie juzga o valora un documento desde un punto de vista puro. La relación del lector con su materia implica volcar toda una batería de recursos y sesgos incorporados, desde una posición específica y orientada por unos intereses determinados. Este hecho, que debería ponernos en guardia y animarnos a activar dispositivos que redundaran en una mayor prudencia epistemológica, suele constituir, en cambio, cantera de equívocos y cortocircuitos en diverso grado. El diálogo sólo es posible cuando existe una disposición de escucha. Y esta disposición supone, en primer lugar, una tendencia hacia el “olvido de uno mismo” y una apertura hacia “el otro” que habla en el texto. Sólo entonces, cuando nuestra aproximación al documento se realiza desde dicha disposición, es posible juzgar y valorar, criticar o construir algo nuevo a partir del material sobre el que trabajamos. Evidentemente, esa apertura no significa que podamos hacernos –si es que existe algo así- con el sentido original del texto. Nuestra posición, intereses, bagajes y sesgos nunca quedan del todo en suspenso. De modo que no basta con una mera voluntad personal de objetivación. El error, en este caso, habita en la creencia de que la objetividad (o la verdad), resulta un asunto que se resuelve en la relación personal del lector con el texto.