El sujeto religioso y la intersubjetividad

El sujeto religioso se define y especifica por la esfera de acción singular que realiza y que es, básicamente, re-ligarse a la divinidad y re-ligarse al otro. Otras acciones se van diversificando: una de ellas, por ejemplo, consiste en transformar el campo enunciativo. Este campo de carácter ego-cén...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: María Luisa Solís Zepeda
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2019
País:México
Institución:Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Repositorio:Redalyc-BUAP
OAI Identifier:oai:redalyc.org:59460164006
Acceso en línea:https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59460164006
https://www.redalyc.org/journal/594/59460164006/
https://www.redalyc.org/journal/594/59460164006/html/
https://www.redalyc.org/journal/594/59460164006/59460164006.epub
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Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Filosofía
Sujeto
religión
subjetividad
Descripción
Sumario:El sujeto religioso se define y especifica por la esfera de acción singular que realiza y que es, básicamente, re-ligarse a la divinidad y re-ligarse al otro. Otras acciones se van diversificando: una de ellas, por ejemplo, consiste en transformar el campo enunciativo. Este campo de carácter ego-céntrico es desde donde un sujeto yo —como una forma, deixis y encarnación del sujeto hablante (predicación-aserción)— delimita y controla un campo en el que, justamente, es yo el centro mismo. El campo ego-céntrico es característico de muchas de las lenguas naturales y del pensamiento en Occidente. Sin embargo, hay otras lenguas y otras maneras, de larga data, de pensar y concebir el mundo, en fin, otras prácticas significantes y formas de vida, en las que el centro no está puesto en el sujeto-yo, sino en el sujeto-otro y más aún, en el sujeto-tú, que constituyen así un campo altero-céntrico, fundamento, por ejemplo, de la ética, de la democracia y de diversas religiones instituidas —una de las cuales será el asidero principal de la autora. Ahora bien, ese sujeto-yo, cargado de subjetividad (de intereses, deseos y afectos propios), al poner el énfasis en el otro o en el tú, no en la subjetividad propia, sino en la ajena —y tomando la subjetividad del otro como la propia—, establece una relación intersubjetiva plena.