DE COCHOAPA A VILLA DE ARISTA MANO DE OBRA PARA LA AGROINDUSTRIA : RACIALIZACION DE LA VULNERABILIDAD DEL JORNALERO AGRICOLA.

“Flores es nahua, originario de Chiepetepec (Guerrero, México), trabaja en el Consejo de Jornaleros de la Montaña, y un día platicando sobre el trabajo agrícola que él realizaba en Sinaloa, años antes de integrarse al Consejo, me preguntó el por qué las mujeres sinaloenses también iban a cortar, pue...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: MARIA ELENA HERRERA AMAYA
Tipo de recurso: tesis doctoral
Estado:Versión aceptada para publicación
Fecha de publicación:2018
País:México
Institución:Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Repositorio:Repositorio Institucional CIESAS
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ciesas.repositorioinstitucional.mx:1015/707
Acceso en línea:http://ciesas.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1015/707
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:info:eu-repo/classification/DLC/Mano de obra - México - Valle de Arista, Sinaloa.
info:eu-repo/classification/DLC/Racializacion.
info:eu-repo/classification/DLC/Maquinaria agrícola.
info:eu-repo/classification/DLC/Jornaleros agrícolas - Valle de Arista, Sinaloa.
info:eu-repo/classification/DLC/Jornaleros agrícolas - Cochoapa, Guerrero.
info:eu-repo/classification/Otro/Tesis - Doctorado en Antropología, CDMX.
info:eu-repo/classification/cti/5
info:eu-repo/classification/cti/63
info:eu-repo/classification/cti/6310
info:eu-repo/classification/cti/631008
Descripción
Sumario:“Flores es nahua, originario de Chiepetepec (Guerrero, México), trabaja en el Consejo de Jornaleros de la Montaña, y un día platicando sobre el trabajo agrícola que él realizaba en Sinaloa, años antes de integrarse al Consejo, me preguntó el por qué las mujeres sinaloenses también iban a cortar, pues recordaba varias ocasiones que se encontró con cuadrillas en donde además de población “indígena”, había mujeres originarias del noroeste del país –construidas históricamente como no indígenas o “mestizas”, situación que le pareció extraña. Cuando le respondí que seguramente ellas también necesitaban dinero, no me creyó pues resaltó que cómo iban a ser pobres si hasta había unas que tenían los ojos azules. Me platicó que incluso en una ocasión les preguntó a un grupo de mujeres por lo qué hacían ahí: “trabajando como nosotros”, a lo que le contestaron que por el dinero, pero él les dijo que no era cierto, que lo hacían por diversión (Tlapa de Comonfort, marzo 2015). Tal y como lo refleja la anterior recreación etnográfica, dentro del sentido común y los imaginarios colectivos, aún predominan toda una serie de estereotipos y representaciones sobre las actividades pensadas como naturales o “predestinadas” para ciertas personas o poblaciones. Es decir, en la reproducción de nuestra vida cotidiana hay toda una serie de estereotipos articulados a ciertas características que son activados al pensar como naturales etiquetas, categorías y prácticas, así como la asignación de nichos sociales o laborales para determinados sujetos y sus actividades. Sin embargo, dichos estereotipos que impregnan el sentido común, no sólo actúan en el plano simbólico y representativo, ni tampoco son manifestaciones aisladas o individuales, sino que son parte de la expresión de una cotidianidad atravesada por procesos de racialización. Por tanto sus manifestaciones son el reflejo de estructuras políticas y económicas más amplias”.