Lucia Linsalata (coordinadora), Lo comunitario-popular en México: desafíos, tensiones y posibilidades

La particularidad del tiempo histórico que hace carne en América Latina tiene como un rasgo distintivo la producción de un orden dominante centrado en la acentuación desmedida de la violencia como forma de organizar los mecanismos de despojo, principalmente con el objetivo de acceder a los bienes ma...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Salazar Lohman, Huáscar
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2021
País:México
Institución:UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Repositorio:Estudios Latinoamericanos
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ojs.pkp.sfu.ca:article/81224
Acceso en línea:https://revistas.unam.mx/index.php/rel/article/view/81224
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Violencia
narco
crimen organizado.
Descripción
Sumario:La particularidad del tiempo histórico que hace carne en América Latina tiene como un rasgo distintivo la producción de un orden dominante centrado en la acentuación desmedida de la violencia como forma de organizar los mecanismos de despojo, principalmente con el objetivo de acceder a los bienes materiales y simbólicos que, de alguna manera, han sido resguardados por límites gestionados y/o impuestos desde la sociedad en aras de negar su transformación en valor de cambio. En México, la “Guerra contra el Narco” y, en general, la situación de violencia que se ha exacerbado durante la última década, ha tenido como dolorosa consecuencia la muerte y desaparición de alrededor de un cuarto de millón de hombres y mujeres a lo largo y ancho de México. Esta violencia –que no es una batalla contra el crimen organizado sino una forma de organizar la mediación estatal y el mando político– ha sido consustancial a la puesta en marcha y ampliación de centenares de proyectos capitalistas que van desde el impulso a la mineríala extracción de hidrocarburos, etcétera, hasta la privatización de servicios y bienes comunes o públicos. Todo esto suprimiendo y/o neutralizando –ahora sí, negando la vida misma– la capacidad política que desde diversas formas de la sociedad organizada permiten el cuidado y resguardo –a través de una encarnada disputa– de ciertas condiciones necesarias para la reproducción de la vida.