Nadie merece desaparecer. Diagnóstico sobre la estigmatización hacia las personas víctimas de desaparición, sus familiares y las organizaciones que las acompañan

Esta investigación es el resultado de un proceso colectivo de reflexión emprendido desde el Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez SJ” del ITESO, sobre la conexión íntima entre las violaciones de derechos humanos y los estigmas, en particular en casos de desaparición de...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Sánchez-Domínguez-Guilarte, María C.
Formato: livro
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2021
País:México
Recursos:Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
Repositorio:Repositorio Institucional del ITESO
Idioma:español
OAI Identifier:oai:rei.iteso.mx:11117/10119
Acesso em linha:https://hdl.handle.net/11117/10119
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Derechos Humanos
Desaparición de Personas
Desaparición Forzada
Estigmas
México
Descrição
Resumo:Esta investigación es el resultado de un proceso colectivo de reflexión emprendido desde el Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez SJ” del ITESO, sobre la conexión íntima entre las violaciones de derechos humanos y los estigmas, en particular en casos de desaparición de personas. Adicionalmente, está el estigma que enfrentan quienes defienden los derechos humanos y acompañan a las víctimas: familias, colectivos, organizaciones de la sociedad civil, periodistas, activistas y personal de la academia. “En algo andaba” es una frase recurrente en conversaciones informales, o incluso con autoridades, cuando se trata de la desaparición de una o más personas. Es decir, pareciera que es justificable y entendible que una persona sea desaparecida o sometida cualquier otra violación de derechos humanos si, desde cierto imaginario social y colectivo, dicha persona no cumple con ciertos convencionalismos o expectativas. Así, por ejemplo, ser joven, ser mujer, salir de noche, consumir drogas, tener piel morena, vivir en zonas periféricas, ser migrante, pertenecer a la comunidad de la diversidad sexual, ser indígena o afrodescendiente, se convierten todos en factores de riesgo. En el caso de las personas desaparecidas y sus familias, el estigma construido alrededor de ellas ha generado prácticas que les han obstaculizado —e incluso negado— el acceso y ejercicio de derechos humanos tan básicos como la igualdad, la verdad, la justicia y la reparación. Estas prácticas, como se verá en el diagnóstico, son vividas tanto en los entornos más cercanos (la familia, el trabajo, el barrio o la escuela), como en el entorno institucional, con autoridades que revictimizan y muestran poca voluntad por atender, buscar y esclarecer las desapariciones. Así, el estigma no solo sitúa a la persona en una posición de vulnerabilidad, sino que la agrava, marginándola aún más.