El niño santo en el orfismo. O de Eros y el significado oculto de erikepaios
En 2008 publicamos una tesis en la que aplicábamos el método de clasificación de símbolos propuesto por Gilbert Durand al corpus órfico. Desde la antropología, la hermenéutica, el psicoanálisis y la fenomenología de las religiones, abordamos la barahúnda de símbolos y obtuvimos resultados interesant...
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| Tipo de recurso: | artículo |
| Estado: | Versión publicada |
| Fecha de publicación: | 2016 |
| País: | México |
| Institución: | Instituto Tecnológico Autónomo de México |
| Repositorio: | Redalyc-ITAM |
| OAI Identifier: | oai:redalyc.org:59150502001 |
| Acceso en línea: | https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59150502001 https://www.redalyc.org/journal/591/59150502001/ https://www.redalyc.org/journal/591/59150502001/html/ https://www.redalyc.org/journal/591/59150502001/59150502001.epub https://www.redalyc.org/journal/591/59150502001/movil |
| Access Level: | acceso abierto |
| Palabra clave: | Lengua y Literatura Eros Orfismo “covada” huevo cósmico ritos iniciáticos |
| Sumario: | En 2008 publicamos una tesis en la que aplicábamos el método de clasificación de símbolos propuesto por Gilbert Durand al corpus órfico. Desde la antropología, la hermenéutica, el psicoanálisis y la fenomenología de las religiones, abordamos la barahúnda de símbolos y obtuvimos resultados interesantes. Según el mencionado “método de convergencia”, las cosmovisiones humanas son tripartitas: los símbolos de un pueblo tienen que ver con (a) el instinto de “caminar erecto”, (b) el de nutrirse (mamar) o (c) el reproducirse (el sexo). Platón, en el Timeo, explica también la estructura del mundo a partir de tres símbolos, a los que designa, entre otras formas, como padre, madre e hijo. En esta investigación nos embarcamos en el análisis de la palabra ERIKEPAIOS. Partiendo de los estudios más recientes de Alberto Bernabé y sus colaboradores, y retomando ciertas interpretaciones de la filosofía griega (Marcel Detienne, Peter Kingsley, Walter Burkert, etcétera), concluimos que, efectivamente, en los textos órficos el protagonista es el muerto, pero lo es, sin embargo, por estar vivo: por ser el renacido, el iniciado, el niño santo. |
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