Recordar la muerte en la Nueva España de finales del siglo XVIII: La reelaboración de tópicos e imágenes de tradiciones europeas en El políptico de la muerte (1775) y La portentosa vida de la Muerte (1792)

Durante el siglo XVIII las ideas ilustradas penetraron a España de la mano de la nueva casa reinante, principalmente con las Reformas Borbónicas de Carlos III, y viajaron hasta América dividiendo en ambos lados del océano a la élite intelectual católica en dos grupos: aquellos que aceptaron, si no t...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Terán Elizondo, María Isabel
Tipo de recurso: capítulo de libro
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2017
País:México
Institución:Universidad Autónoma de Zacatecas
Repositorio:Repositorio Institucional Caxcán
Idioma:español
OAI Identifier:oai:http://ricaxcan.uaz.edu.mx:20.500.11845/2246
Acceso en línea:http://ricaxcan.uaz.edu.mx/jspui/handle/20.500.11845/2246
https://doi.org/10.48779/p447-dm66
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA CONDUCTA [4]
muerte
élite intelectual
progreso
Políptico de la Muerte
La portentosa vida de la Muerte
Descripción
Sumario:Durante el siglo XVIII las ideas ilustradas penetraron a España de la mano de la nueva casa reinante, principalmente con las Reformas Borbónicas de Carlos III, y viajaron hasta América dividiendo en ambos lados del océano a la élite intelectual católica en dos grupos: aquellos que aceptaron, si no todas, muchas de ellas, y los que las rechazaron por considerarlas perjudiciales para la moral, la Iglesia y la religión. La toma de conciencia de que se podía alcanzar el progreso material mediante el desarrollo de las ciencias aplicadas, y la implementación del método científico inductivo que defendía que sólo se debía creer en lo que se podía demostrar, debilitaron la certeza en el más allá y en consecuencia la necesidad de la preparación para salvar el alma. Es en este contexto, que afectó tanto a Europa como a América, que un anónimo artista novohispano pintó en 1775 el Políptico de la Muerte, y que fray Joaquín Bolaños, un franciscano del Colegio de Propaganda Fide de Guadalupe, escribió y publicó en 1792 La portentosa vida de la Muerte. Ambas obras fruto de la necesidad de recordarles a sus contemporáneos –o a sí mismos– que la muerte es el espejo que nunca miente, y que para tener una buena muerte y merecer el cielo se requería de preparación