| Sumario: | La historia siempre la escriben los vencedores, pero no solo los acontecimientos señalables, también los olvidos. La forma en que nos enfrentamos al pasado está condicionada por nuestra condición presente. Es imposible entender una época pasada si no comprendemos todos sus conceptos, todas sus transformaciones históricas y sus modos de vida. Un mismo concepto puede referenciar cosas muy diferentes en dos momentos históricos diferenciados. La historia también tiene otra peculiaridad, no solo es capaz de modificar el sentido de un término, también es capaz de modelar su referente. El ejemplo más evidente será el que analizaremos, el de la figura del loco y su constante mutación a lo largo de la historia. Estas consideraciones son escritas, no por los vencedores, sino por una instancia suprema y a la vez coyuntural, por unas relaciones de poder fluctuantes que modifican constantemente el tejido social, y de las cuales los dominantes solo son meros sujetos que reproducen y perpetúan determinadas líneas de poder que están sustentadas por diversos mecanismos como pueden ser los discursos de verdad, una racionalidad concreta, determinadas estructuras económicas… En definitiva, se trata de diversos canales mediante los cuales transcurre y se hace efectivo el poder, imponiendo sus efectos en todas las relaciones sociales. En este ensayo nuestro enfoque estará centrado en un análisis de estas estructuras de poder en el centro psiquiátrico y la figura del «loco» del siglo XVII al siglo XIX. Analizaremos su evolución y su relación con los centros privativos de libertad. De este modo, después de analizar los movimientos ejercicios por el poder y sus implicaciones en la sociedad, se intentará establecer un proceso revolucionario, que determine si es posible una revolución que elimine todas las relaciones de poder, o si toda revolución posible está condicionada por las relaciones de poder preexistentes.
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