| Summary: | No es infrecuente relacionar el fin de la Segunda Guerra Mundial con el perturbador descubrimiento de que la humanidad en su conjunto había pasado a ser mortal. Tanto la creencia griega en la eternidad del cosmos habitado, como de los hombres, devolviendo en un instante ciudades enteras a la pura naturaleza. Como es de sobra sabido, la conciencia de la estremecedora novedad se agudizo en los anos posteriores conforme la potencia totalitaria también en el Extreme Oriente ni en el frente de guerra, sino en los lugares del Este y centro de Europa habilitados para ese exclusive propósito. Mortalidad de otro sentido y alcance, pero tan escalofriante, cuando menos, como el primero, y en absoluto metafórica. Pues allí «se había franqueado el umbral hasta entonces tolerado de la inhumanidad del hombre para con el hombre
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