Criminalidad de los poderosos e impunidad: La evidente falta de voluntad política en la lucha contra la corrupción

[ES] En la actual sociedad de la desigualdad creciente, la corrupción es al mismo tiempo un síntoma y una estrategia. Concretamente, la corrupción política, de la mano de la económica, se traduce en una especie de privatización del Estado. Los entes gestores de los servicios públicos pasan a comport...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Sanz Mulas, María Nieves
Tipo de recurso: capítulo de libro
Fecha de publicación:2017
País:España
Institución:Universidad de Salamanca (USAL)
Repositorio:GREDOS. Repositorio Institucional de la Universidad de Salamanca
OAI Identifier:oai:gredos.usal.es:10366/156149
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10366/156149
Access Level:acceso embargado
Palabra clave:Corrupción
Delincuencia de cuello blanco
Financiación ilegal de partidos políticos
Responsabilidad penal de personas jurídicas
Delitos socioeconómicos
Delitos contra la administración pública
Corruption
White-collar crime
Illegal financing of political parties
Criminal liability of legal entity
Socio-economics offensses
Crimes against public administration
5605.05 Derecho Penal
Descripción
Sumario:[ES] En la actual sociedad de la desigualdad creciente, la corrupción es al mismo tiempo un síntoma y una estrategia. Concretamente, la corrupción política, de la mano de la económica, se traduce en una especie de privatización del Estado. Los entes gestores de los servicios públicos pasan a comportarse como si fueran los dueños de los mismos, por lo que, obviamente, se requieren medidas tanto en contra de la delincuencia económica como contra la corrupción política. Pero también frente a la indiferencia social, principal responsable de que estas conductas se sigan llevando a cabo con la más absoluta impunidad. Porque el problema no es quién debe mandar, sino cómo controlar al que manda, Ante la evidente falta de interés por autorregularse, la clave reside en la honradez y vigilancias ciudadanas. De la honestidad social depende el que los administradores públicos sean honrados o no y de que los ciudadanos quieran o no corromperlos. Cuando se celebra un negocio corrupto no sale perdiendo el Estado sino la sociedad y por tanto los ciudadanos. Luego somos nosotros los que, tomando conciencia de ello, debemos prevenir la corrupción abandonando la tan tradicional como revulsiva conspiración del silencio frente a estas prácticas. el "eso lo hacen todos" no puede ser por más tiempo la excusa o la democracia estará en más peligro de muerte que nunca.