La recepción de la encíclica Humanae vitae en el ámbito católico de los Países Bajos
Hemos investigado la recepción de la encíclica Humanae vitae, y el efecto que tuvo su publicación –en julio de 1968– sobre el modo de ver la regulación de la natalidad y la anticoncepción en el ámbito católico de los Países Bajos. Fundamentalmente hemos estudiado –y encuadrado en su marco histórico–...
| Autor: | |
|---|---|
| Tipo de documento: | artigo |
| Data de publicação: | 2014 |
| País: | España |
| Recursos: | Universidad de Navarra |
| Repositório: | Dadun. Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra |
| Idioma: | espanhol |
| OAI Identifier: | oai:dadun.unav.edu:10171/36491 |
| Acesso em linha: | https://hdl.handle.net/10171/36491 |
| Access Level: | Acceso aberto |
| Palavra-chave: | Humanae vitae Holanda Catolicismo |
| Resumo: | Hemos investigado la recepción de la encíclica Humanae vitae, y el efecto que tuvo su publicación –en julio de 1968– sobre el modo de ver la regulación de la natalidad y la anticoncepción en el ámbito católico de los Países Bajos. Fundamentalmente hemos estudiado –y encuadrado en su marco histórico– los pronunciamientos del episcopado holandés y las publicaciones de cuatro teólogos prominentes: Edward Schillebeeckx, Theo Beemer, Willem van der Marck y Paul Sporken. Hasta aproximadamente 1960, la doctrina vigente del magisterio católico sobre la regulación de la natalidad y la anticoncepción era asentida por todos los obispos y por la casi totalidad de los teólogos y demás fieles católicos. En poco tiempo, y especialmente a partir de 1963, la anticoncepción pasó a ser tolerada o incluso legitimada por algunos obispos y muchos sacerdotes, y practicada por numerosos católicos. Humanae vitae no fue rechazada por los obispos, aunque su reacción fue tan fría y distante, y rodeada de tantas reservas, que fue vista como legitimación de la práctica anticonceptiva que ya se había difundido. La encíclica sí fue, sin embargo, rechazada en cuanto tal por la gran mayoría de los teólogos –incluyendo Schillebeeckx, Beemer y Sporken–, que la consideraron únicamente como una más entre las muchas publicaciones de expertos sobre el tema. De la mayoría de los obispos nombrados tras 1970 –incluyendo los actuales– sí se puede afirmar que transmitieron fielmente la doctrina de la encíclica, y lo siguen haciendo cada vez con mayor empeño. |
|---|