Fotografía y teatro: la imagen de la representación

A partir de la fotografía, el teatro se hace visible una y otra vez, aun cuando de modo fragmentario. Lo que en el teatro caduca pervive en la imagen fotográfica, ahí el diálogo potente que media la muerte. El presente trabajo se plantea vislumbrar la relación entre teatro y fotografía y reflexionar...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Castaño Cárdenas, Lina Isabel
Tipo de recurso: tesis de maestría
Fecha de publicación:2024
País:España
Institución:Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
Repositorio:O2, repositorio institucional de la UOC
OAI Identifier:oai:openaccess.uoc.edu:10609/150930
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10609/150930
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:fotografía
teatro
representación
artes escénicas
memoria
Theater -- FMDP
Teatre -- TFM
Descripción
Sumario:A partir de la fotografía, el teatro se hace visible una y otra vez, aun cuando de modo fragmentario. Lo que en el teatro caduca pervive en la imagen fotográfica, ahí el diálogo potente que media la muerte. El presente trabajo se plantea vislumbrar la relación entre teatro y fotografía y reflexionar sobre ella. Una relación disímil en cuanto a sus formas, orígenes y efectos pero que en la actualidad arroja posibilidades de análisis de la imagen, frente a lo que ocurre y a lo que queda fijo frente a ese momento único e irrepetible de la escena. En ese sentido, trataré de establecer un diálogo entre teatro y fotografía a partir de distintos referentes que nos permitirá ver cómo la fotografía ha servido para conocer obras del pasado, su estética, sus recursos visuales, los actores y actrices más emblemáticos, así como para dar cuenta de las posibilidades de relación entre uno y otro arte. Cómo se pueden relacionar, cómo se decantan, cómo la fotografía de teatro puede sugerir la obra y a la vez ser una pieza autónoma e independiente con un carácter poético propio, fuera de su cualidad documental. La historiografía dará las herramientas para denotar cómo la fotografía muestra la obra representada pero, sobre todo, cómo el tiempo le otorga a la imagen un valor único, en la medida en que en ella pervive lo que ha sido, el momento único del acontecimiento en la escena, de lo que ya fue, como si resucitara ya no en su atmósfera festiva propia del acto teatral sino en el silencio de la imagen y desde allí desafiara a la muerte de lo que alguna vez fue para dejar su testimonio a través de un gesto en pausa, por el que pasan las mismas o nuevas sensaciones.