Dos portapaus de cap al 1400: el de Pere d'Urgell i el de Violant de Bar

En el año 1972 fue adquirido por el Museu d'Art de Catalunya un portapaz del monas­terio de Sigena, regalo del conde Pere d'Urgell a su hija Isabel, monja de aquel ceno­bio. Se trata de una finísima pieza de orfebrería, emparentada con otras de origen parisino, datables alrededor de 1400 y...

ver descrição completa

Detalhes bibliográficos
Autor: Ainaud i Escudero, Joan-Francesc
Formato: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:1994
País:España
Recursos:Varias* (Consorci de Biblioteques Universitáries de Catalunya, Centre de Serveis Científics i Acadèmics de Catalunya)
Repositorio:Recercat. Dipósit de la Recerca de Catalunya
OAI Identifier:oai:recercat.cat:2072/378146
Acesso em linha:http://hdl.handle.net/2072/378146
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Museu Nacional d'Art de Catalunya
Orfebreria gòtica
Pere d'Urgell
Violant de Bar
Descrição
Resumo:En el año 1972 fue adquirido por el Museu d'Art de Catalunya un portapaz del monas­terio de Sigena, regalo del conde Pere d'Urgell a su hija Isabel, monja de aquel ceno­bio. Se trata de una finísima pieza de orfebrería, emparentada con otras de origen parisino, datables alrededor de 1400 y con esmalte «sur ronde bosse» sobre el oro. Ex­cepcionalmente, la figura del Cristo de Do­lor es de nácar. El portapaz contiene la reli­quia de la túnica de Jesucristo, flanqueada por unas harpías-sirena ejecutadas con punzonado. En el estudio se analiza su posible simbología, así como la del balaje y los dos zafiros que adornan la pieza. También es objeto de estudio la Joya de Santa Catalina, entregada por J. P. Morgan Jr. a The Metropolitan Museurn of Art de Nueva York n 1917. El autor plantea como hipótesis que procediera de una mesa de oro que poseía la reina Violant de Bar en 1418, bastante coincidente con la que poseían los duques de Orleans y que en 1409 habría pasado a manos del papa Benedictino XIII. Después de 1418, la mesa de oro -o al menos la figura de la santa- habría pasado a manos de los marqueses de Sentmenat (el marqués consta como propietario de la Santa Catalina en el año 1867), quienes la habrían vendido posteriormente a J. P. Morgan.