La educación de los trabajadores emigrantes y de sus hijos en el marco del Consejo de Europa

No se trata de asimilar a los inmigrantes, sino de insertarles lo mejor posible en nuestra sociedad. Si queremos que aprendan nuestro pasado, es preciso que guarden el suyo. Todas las medidas realizadas en favor de la educación de emigrantes y, sobre todo, de sus hijos, es una inversión altamente re...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Catalano, Francesco
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:1976
País:España
Institución:Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP)
Repositorio:Redined. Red de Información Educativa
OAI Identifier:oai:redined.educacion.gob.es:11162/71559
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11162/71559
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Consejo de Europa
trabajador migrante
hijo de migrante
lengua de enseñanza
formación profesional
escolarización
profesor
expediente escolar
clase experimental
Descripción
Sumario:No se trata de asimilar a los inmigrantes, sino de insertarles lo mejor posible en nuestra sociedad. Si queremos que aprendan nuestro pasado, es preciso que guarden el suyo. Todas las medidas realizadas en favor de la educación de emigrantes y, sobre todo, de sus hijos, es una inversión altamente rentable, ya que la educación es una condición esencial para el advenimiento de una sociedad más justa, más humana. La inmersa mayoría que llegan a los países de inmigración de Europa occidental vienen llenos de coraje, a ganarse su lugar en la sociedad. Cuando deciden hacer venir a su familia y lograra este objetivo es con el propósito de dar a sus hijos todas las oportunidades posibles. Para si mismos los trabajadores inmigrantes no pueden ser exigentes, pero si para con sus hijos, a los que se niegan a reservar un destino de emigrantes ¿Les decepcionaremos? Si nuestra respuesta es negativa. Es el momento de revisar nuestra postura en lo que respecta a los problemas que afectan a los emigrantes, porque nuestra sociedad europea mira hacia el futuro, ese futuro no puede construirse sin la ayuda de todos los europeos, comprendidos esos 10 millones de inmigrantes que viven en nuestras fronteras y que con su trabajo, permiten a los países más ricos mantener su alto nivel de producción y desarrollo. Los estados europeos y los gobiernos, en lo relativo a los problemas de los emigrantes, pasar de las buenas intenciones a los hechos. El trabajo comenzado no ha terminado, porque el día en que estos individuos se sientan realmente ciudadanos europeos totalmente, es un acontecimiento que está por llegar. Para acelerar esta realización debemos esforzarnos más y poner todos los medios a su alcance, porque la construcción de Europa depende de todos nosotros. Pero esta construcción no tendría sentido si se hiciese en detrimento de los trabajadores inmigrantes y si se asentase sobre el sacrificio cultural y profesional de los dos millones de niño inmigrantes.