José Antonio Maravall entre el medievalismo cultural y el historiográfico

En 1888 William Morris (1834-1896) publicó El sueño de John Ball. Sus páginas reflejaban la idealizada visión de un tiempo pasado, perdido definitivamente, pero cuyo encanto perduraba elevado a la condición de mito. No se trataba de una mera ensoñación, sino de la voluntad de convertir ese tiempo al...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Caspistegui, F.J. (Francisco Javier)|||/items/750289c0-b54a-454e-a835-ca9341d1876d
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2007
País:España
Institución:Universidad de Navarra
Repositorio:Dadun. Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra
Idioma:español
OAI Identifier:oai:dadun.unav.edu:10171/63943
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/10171/63943
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Medievalismo Histórico
Historiografía
José Antonio Maravall
Siglo XIX
Descripción
Sumario:En 1888 William Morris (1834-1896) publicó El sueño de John Ball. Sus páginas reflejaban la idealizada visión de un tiempo pasado, perdido definitivamente, pero cuyo encanto perduraba elevado a la condición de mito. No se trataba de una mera ensoñación, sino de la voluntad de convertir ese tiempo alejado en un futuro más justo, en referencia para la acción. A lo largo del siglo XIX se produjo en Europa un rescate de la Edad Media como alternativa a un tiempo cuya progresiva aceleración resultaba incómoda; un tiempo cuyas pautas y esquemas tanto rompían con el más cadencioso fluir del Antiguo Régimen. A su vez, este interés despertó el de unos nuevos profesionales, los historiadores, que comenzaron a prestar atención creciente hacia los tiempos medievales alejándose del modelo del aficionado erudito. La intersección de ambos intereses mostró la curiosidad que existía hacia la Edad Media entre un creciente público lector. De hecho, en el Reino Unido, la conservación del pasado medieval alcanzó niveles de tarea nacional, y durante el prolongado período victoriano se reconstruyó una imagen del medievo que fue transmitida a través de muy diversos caminos. El público, encandilado por las novelas de Walter Scott o William Harrison Ainworth y por los grabados que acompañaban sus cada vez mayores tiradas, comenzó a reclamar el acceso a los lugares en los que se conservaba esa herencia histórica. El movimiento del National heritage o el de Arts and crafts desarrolló una indudable capacidad de atracción, se recuperó con fuerza el gótico como estilo arquitectónico «nacional», y se reivindicaron las bondades del mundo rural