La sociología de la emoción y la emoción en la sociología

En este artículo se presenta una síntesis de las aportaciones teóricas de tres pioneros de la sociología de la emociones: Thomas J. Scheff, Arlie R. Hochschild y Theodore D. Kemp er. El profesor Scheff ha desarrollado un prolongado, amplio y riguroso programa de investigación empírica y teórica sobr...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Bericat Alastuey, Eduardo
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2000
País:España
Institución:Universitat Autònoma de Barcelona
Repositorio:Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ddd.uab.cat:357
Acceso en línea:https://ddd.uab.cat/record/357
https://dx.doi.org/urn:doi:10.5565/rev/papers/v62n0.1070
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Sociología
Teoría sociológica
Emociones
Sentimientos
Sociology
Sociologycal theory
Emotions
Feelings
Descripción
Sumario:En este artículo se presenta una síntesis de las aportaciones teóricas de tres pioneros de la sociología de la emociones: Thomas J. Scheff, Arlie R. Hochschild y Theodore D. Kemp er. El profesor Scheff ha desarrollado un prolongado, amplio y riguroso programa de investigación empírica y teórica sobre la vergüenza y el orgullo, a las que considera las emociones sociales por antonomasia. La profesora Hochschild, frente a lo que constituye práctica habitual de la sociología, incorpora las emociones como una vía de acceso clave para el conocimiento de cualquier fenómeno o situación social. El profesor Kemper, a la inversa, muestra la validez y necesidad de la perspectiva sociológica para comprender las emociones, cuyo origen y fundamento deriva, en la mayor parte de los casos, de un determinado tipo de relación social. Teorías sociológicas de la emoción, explícitamente concebidas como tales, no pueden encontrarse en la tradición sociológica antes de la década de los ochenta del presente siglo. La sociología, hasta ahora inmersa en la principal corriente cultural de la modernidad, caracterizada por un racionalismo, un cognitivismo y un positivismo a ultranza, tan sólo había incorporado tratamientos residuales o circunstanciales de la emoción. Ahora bien, resulta inconcebible un actor social cuyo universo simbólico esté exclusivamente compuesto de ideas o cogniciones. En este universo podemos encontrar también valores. Y en este universo también encontramos, sin duda, emociones. Emociones que son reflejo, condición y substrato último de toda reflexividad humana y social. Tanto la descripción como la explicación y comprensión sociológica de la realidad será incompleta, por tanto falsa, si no se incorpora al actor sentiente en los juegos humanos de interactividad e intercomunicación.