| Sumario: | El presente trabajo aborda un análisis de las principales vías que conectaban el ager sisaponense: la vía 29 del Itinerario de Antonino, la vía Sisapo–Castulo y la vía Sisapo–Corduba. El estudio de estas rutas pretende continuar una línea de trabajo centrada en el estudio de las comunicaciones, con el objetivo de ofrecer una aproximación al conocimiento de la caminería romana en el cuadrante suroccidental de la Meseta Sur. La base de esta investigación se ha centrado en la implementación de una metodología eficaz para el análisis de un territorio amplio, comprendido entre las provincias de Ciudad Real, Córdoba y Jaén, con el fin de poder determinar zonas de mayor potencial de viabilidad para la realización del trabajo de campo. En este sentido, los niveles jerarquizados que han integrado la metodología de este proyecto doctoral han iniciado en la consulta de las fuentes clásicas, cartografía histórica y revisión de los vuelos históricos de los que dispone el territorio en cuestión, los cuales van desde los vuelos americanos serie B (1956-1957), hasta la actualidad con los vuelos anuales del PNOA (Plan Nacional de Ortofotografía Aérea). Junto con la revisión fotográfica aérea y cartográfica, hemos consultado los datos LiDAR accesibles desde el Instituto Geográfico Nacional, correspondientes a la cobertura 1 y 2. Desde estos datos hemos podido analizar el microrrelieve de las diversas zonas, buscando “anomalías” correspondientes a vías o posibles yacimientos. Dentro del flujo de trabajo que ha seguido la metodología, se han aplicado procesos de análisis centrados en el cálculo de rutas óptimas y reclasificación del terreno, ya que el análisis de los datos LiDAR no ofreció los resultados esperados para la teledetección de restos viarios. Gracias a este método, centrado en el coste acumulado, hemos podido obtener rutas óptimas desde un punto de origen a un punto de destino, limitando el terreno que mayor viabilidad presenta para las diferentes conexiones estudiadas. En esta etapa metodológica hemos aplicado dos métodos: el primero toma como base la fórmula propuesta por Silva y Pizziolo (2001) para la creación de un mapa de fricción donde se almacenen los datos de coste; el otro se centra en la reclasificación por tabla del territorio en cuestión, otorgando valores según la resistividad del terreno, es decir, se tienen en cuenta cuestiones como el porcentaje de pendiente asumible para una vía romana. Con los resultados de estos dos métodos y el estudio de los yacimientos y recursos, sobre todo mineros, de la zona, se determina una hipótesis de trazado final. De tal forma que el análisis total de cada caso de estudio presenta la aportación realizada por la historiografía (georreferenciada manualmente a cartografía actual), los dos resultados de rutas óptimas obtenidas de cada método y la hipótesis final que valora otras cuestiones. Todo ello integra el segundo gran objetivo de la tesis: la creación de un SIG donde se vuelquen todos los datos recopilados, desde los yacimientos hasta los trazados viarios. Este SIG es el que conforma el catálogo cartográfico de la tesis, a su vez acompañado del catálogo documental, donde se recogen todas las fichas relacionadas con tramos de vía identificados arqueológicamente o anomalías susceptibles de ser yacimientos, que han sido estudiadas bien mediante técnicas LiDAR y fotografía aérea o desde el trabajo de campo. La investigación de la vía 29 del Itinerario de Antonino se ha centrado en la propuesta de una nueva hipótesis para su interpretación, centrada en las medidas que ofrece el Itinerario sobre la localización de cada una de las mansiones de la vía. En este sentido, hemos aceptado las millas de cada mansio y hemos realizado un SIG con buffers que reflejan las distancias de cada hito mansionario, estableciendo así las áreas de localización de cada una de ellas. Esta hipótesis de trazado la hemos realizado, al menos, para las cronologías en las que se data el documento del Itinerario de Antonino (finales del siglo III o IV d.C.). Este trazado se sostiene por un argumento presentado también en este trabajo, donde se propone que, para las mencionadas fechas, las mansiones estarían funcionando como almacenes para la recaudación de la annona militaris, respondiendo esto a la necesidad de no localizar las mansiones en los núcleos principales, sino en las zonas estratégicas del territorio, como intersecciones viarias. El análisis global de esta vía nos permite verificar que se trata de una de las vías transversales más importantes del sur de la Meseta, ya que, gracias al estudio de la minería y las producciones cerámicas, hemos visto toda una serie de comunicaciones entre los diferentes núcleos que solo pueden entenderse por el funcionamiento de estas vías. De igual forma ocurre con la vía Sisapo–Corduba y Sisapo–Castulo. Estas últimas vías explican la entrada de materiales desde el valle del Guadalquivir hacia el interior, además de la exportación de los recursos mineros de Sierra Morena. El análisis detallado de estas dos vías responde, sobre todo, a las conexiones de los centros minero-metalúrgicos, donde hemos podido observar, gracias a la presencia de ánforas Dressel I y cerámica campaniense, el establecimiento de los primeros grupos itálicos en Hispania. El estudio de los fósiles guía de cada periodo nos ha ayudado a aproximarnos a la vida de la vía, pudiendo hipotetizar, según esta queda jalonada por la presencia de un material u otro, su uso. De esta forma, hemos tomado para el periodo republicano las ánforas Dressel I y la cerámica campaniense, y para el periodo altoimperial, la terra sigillata. Finalmente, hemos podido entender el funcionamiento de cada vía según el territorio en torno a ella. Nuestro análisis nos ha llevado a concluir tres áreas de influencia de cada vía: la primera de ellas se ha estimado en 15 km, la segunda en 5 km y la tercera, que es el área inmediata de la vía, en 3 km. Todas ellas son asumibles para una jornada de trabajo, por lo que hemos analizado qué recursos o yacimientos relevantes se encontraban en cada zona, observando cómo, sobre todo para la vía Sisapo–Corduba, entraban muchos recursos mineros, además de yacimientos relacionados con la defensa del territorio. Finalmente, podemos concluir el trabajo con unos resultados positivos, ya que hemos podido comprobar que la implementación de la metodología llevada a cabo ha sido apropiada para las circunstancias territoriales e historiográficas de esta tesis. Gracias a este flujo de trabajo, hemos podido documentar arqueológicamente, en algunos tramos, la vía 29 del Itinerario de Antonino y la vía Sisapo–Corduba, además de establecer algunas posibles conexiones secundarias que facilitarían la evacuación de los recursos mineros de la zona del Valle de los Pedroches y el distrito de Almadén. Dando como resultado la siguiente red viaria del ager sisaponense, como vías principales tenemos: Sisapo–Corduba, Sisapo–Castulo y la vía 29. El tejido viario cosido en torno a estas principales vías integra otras: la vía Toletum–Corduba, que forma el nodo viario al este de Sisapo con la vía Sisapo–Castulo y Sisapo–Valderrepisa–Isturgi, o, en la zona extremeña, los vínculos de la vía 29 a su paso por La Serena, donde confluye con la Vereda de Cabeza de Buey y la vía 11 del Itinerario de Antonino en Magacela.
|