Las proveedoras en el trabajo de cuidados a la tercera edad. Un estudio de caso desde la economía feminista, en la comarca de la Vega Baja del Segura (Alicante)
La presente tesis parte de la reflexión sobre el aspecto más importante para las personas, el cuidado de la vida, como sostenimiento del desarrollo económico y social. El envejecimiento de la población es un fenómeno creciente en el Estado español. A lo largo de nuestra vida todas las personas neces...
| Autor: | |
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| Formato: | tesis doctoral |
| Fecha de publicación: | 2017 |
| País: | España |
| Recursos: | Universidad Miguel Hernández de Elche |
| Repositorio: | REDIUMH. Depósito Digital de la UMH |
| OAI Identifier: | oai:dspace.umh.es:11000/4527 |
| Acesso em linha: | http://hdl.handle.net/11000/4527 |
| Access Level: | acceso abierto |
| Palavra-chave: | Antropología Tercera Edad CDU::3 - Ciencias sociales::39 - Etnología. Etnografía. Usos y costumbres. Tradiciones. Folklore |
| Resumo: | La presente tesis parte de la reflexión sobre el aspecto más importante para las personas, el cuidado de la vida, como sostenimiento del desarrollo económico y social. El envejecimiento de la población es un fenómeno creciente en el Estado español. A lo largo de nuestra vida todas las personas necesitamos, en mayor o menor medida, de cuidados propios y ajenos. Pero es especialmente en los primeros años de nuestra vida y cuando llegamos a la vejez cuando más necesitados de cuidados estamos, ya que los cuidados constituyen una condición indispensable para la propia subsistencia. Aun cuando los cuidados son imprescindibles para el desarrollo y sostenimiento de la vida han quedado invisibilizados a lo largo del tiempo. La desvalorización del trabajo doméstico, como consecuencia de la división sexual del trabajo y la asignación a las mujeres del trabajo realizado dentro del hogar (incluido el de cuidados), ha llevado a que éstos no sean considerados una responsabilidad social sino un asunto privado, con escaso valor y menor reconocimiento social. La relegación de los cuidados a la esfera privada ha llevado a que queden situados en un segundo plano en buena parte de las economías modernas, a que no queden reflejados en las estadísticas oficiales y a que no sean foco de atención de los agentes representativos utilizados en los modelos económicos que posteriormente son empleados para los procesos de toma de decisiones de política económica. Y es que la ciencia económica no ha quedado fuera del paradigma patriarcal. Los hombres relacionándose en la esfera pública son los encargados de las decisiones de producción por lo que acceden a sus puestos de trabajo libres de responsabilidades familiares, de manera que su disponibilidad para la empresa es total. El cuidado de la casa, los tramites asociados al día a día de la familia, el cuidado de las personas mayores, enfermas o criaturas queda en manos de otra persona (una mujer) que tradicionalmente se ha encargado de todo ello dejando a los hombres la plena disponibilidad para su trabajo y su tiempo libre. Relegar los cuidados al ámbito privado implica dejarlos en manos de las mujeres, esta responsabilidad femenina ha llegado a ser una de las claves de la desigualdad entre mujeres y hombres. La sobrecarga de trabajo no remunerado asumida por las mujeres limita a corto y medio plazo su tiempo disponible para desarrollar actividades generadoras de ingresos, lo que afecta negativamente a su empleabilidad, el acceso a empleos de calidad, viendo limitada su autonomía económica pero también a largo plazo a sus pensiones, afectando tanto a su presente como a su futuro. Y también limita su tiempo libre. La dificultad y complejidad que entraña la cuantificación y medición en términos monetarios de todos los aspectos que quedan englobados cuando hablamos de trabajos de cuidados no remunerados radica en que tiene dos componentes: uno material y otro “inmaterial” o emocional, este último difícilmente medible y cuantificable. Pero solo el hecho de poder realizar una aproximación a su cuantificación y valoración permite visibilizarlos y ponerlos en valor. El objetivo de esta tesis pasa por conocer la población de 65 años o más años que reside en la Vega Baja del Río Segura( Alicante) para poder hacer una aproximación a sus necesidades de cuidados por parte de lo que denominamos las proveedoras de servicios de cuidados, es decir todas aquellas empresas, instituciones y personas que realizan trabajos de cuidados de forma remunerada o no. Dicho con otras palabras, por una parte queremos identificar las necesidades de la demanda de cuidados y por otra qué agentes constituyen la oferta así como los servicios ofertados. Las proveedoras de servicios de cuidados son: Las instituciones públicas (básicamente Ayuntamientos y Generalitat Valenciana), las empresas privadas que ofrecen servicios de cuidados (Centros de Día, Residencias…), las personas cuidadoras contratadas directamente, las asociaciones y organizaciones sin ánimo de lucro y las familias, mejor dicho, las mujeres. Para poder conocer la oferta se han realizado entrevistas con representantes de instituciones públicas y con personas cuidadoras, así como una encuesta que se ha pasado en los 27 municipios de la Vega Baja para conocer a pie de calle cuál es su grado de implicación con las actividades de cuidados no remunerados por parte de hombres y mujeres mayores de edad. Del trabajo podemos concluir que el proceso de envejecimiento de la población es más importante en la comarca de la Vega Baja si comparamos con el total nacional. Sin embargo, las necesidades de cuidados de la población mayor siguen recayendo mayoritariamente sobre las propias familias, y en concreto sobre las mujeres, situación que se acentúa en la medida en que se reduce el tamaño de la población que estemos estudiando.El número de plazas de residencias es reducido para la población a la que se debe atender y los precios de las mismas no son soportables para una pensión de jubilación (y mucho menos de viudedad) media o por una familia con una renta media. Los centros de día y los centros de respiro dan un margen de maniobra a las familias, pero son del todo insuficientes. Las asociaciones, sobre todo las que implican la confluencia de personas con una determinada enfermedad y/o sus familias, juegan un importante papel de apoyo y son muy valoradas. Las empresas privadas que proporcionan cuidados ofrecen la posibilidad de contratar a una persona por horas o de forma interna. Frente a la contratación privada tienen la ventaja de que en caso de enfermedad de la persona cuidadora la persona cuidada no queda desatendida, sino que la empresa busca a un reemplazo, con lo que las familias pueden organizar mejor sus tiempos. Sin embargo, la contratación entre particulares sigue siendo la forma más sencilla y común de relación entre las partes. En resumen, podemos concluir que estamos en una sociedad donde se observa un envejecimiento importante de la población (y esta tendencia se agudizará en los próximos años). Las mujeres se han incorporado de forma progresiva al mercado de trabajo remunerado, pero no se ha producido una efectiva redistribución de las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres por lo que se provocan tensiones dentro del hogar. Si las mujeres ya no pueden encargarse de los cuidados de las personas mayores a tiempo completo, como era el papel tradicional de las mujeres de las familias mediterráneas, “alguien” tendrá que hacerlo. Ese “alguien” puede estar contratado, por lo que se necesitará contar con recursos económicos suficientes para poder hacer frente a este desembolso, pero también puede ser una institución pública. No podemos olvidar a modo de ejemplo que los servicios prestados por parte de los ayuntamientos, aunque no exijan desembolso, no son gratuitos, sino que se pagan de los tributos que abonamos la ciudadanía. Con esta intervención pública de una forma u otra, unas personas cuidamos de otras apareciendo los cuidados como una cuestión de todos/as, una cuestión pública. Sea a través de la contratación de una persona (directamente o a través de una empresa), gracias al trabajo de las asociaciones e instituciones sin ánimo de lucro, del propio sector público o por los costes de oportunidad del trabajo no remunerado en el hogar realizado por las familias (léase las mujeres), lo que queda claro es que hacerse mayor es caro tanto en términos de tiempo como de recursos económicos. |
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