Ángel González. La historia de la pintura
En una entrevista de marzo de 2001, Ángel González García (1948-2014) afirmaba que el ojo ha sido sin duda lo más atacado a lo largo del siglo veinte,1 respondía así, afirmativamente, a Óscar Antonio Molina que consideraba a nuestro historiador como, antes que nada, un defensor del ojo y la visión t...
| Autor: | |
|---|---|
| Tipo de recurso: | capítulo de libro |
| Fecha de publicación: | 2023 |
| País: | España |
| Institución: | Universidad de Castilla-La Mancha |
| Repositorio: | RUIdeRA. Repositorio Institucional de la UCLM |
| OAI Identifier: | oai:ruidera.uclm.es:10578/41144 |
| Acceso en línea: | https://hdl.handle.net/10578/41144 |
| Access Level: | acceso abierto |
| Palabra clave: | Ángel González Historia del Arte Pintura |
| Sumario: | En una entrevista de marzo de 2001, Ángel González García (1948-2014) afirmaba que el ojo ha sido sin duda lo más atacado a lo largo del siglo veinte,1 respondía así, afirmativamente, a Óscar Antonio Molina que consideraba a nuestro historiador como, antes que nada, un defensor del ojo y la visión tanto frente a la imagen como frente a la imaginación, la pintura (el principal objeto de estudio de Ángel González) es, sobre todo un asunto de visión más que de ideas. No es una obviedad esta defensa del ojo, el propio González ha hablado de la exclusión de la visión en la construcción de la historia del arte contemporáneo. Martin Jay (para quien la Historia del ojo, de Bataille es, como para Roland Barthes, una aventura filológica 2), ha repasado toda la trayectoria de una escritura de arte (más allá de la historia) que se ha afirmado desde una tradicional desconfianza en la mirada. Así, una parte de la producción artística y de la historia del arte se ha construido desde la convicción de que el ojo es sospechoso y debe estar bajo control; una creencia que, explica Jay, se encuentra en la Biblia, en Lacan y hasta en el postestructuralismo, con una importante estación de paso en la construcción, teórica y práctica, de los surrealistas, frente a los que nuestro autor mostrará una gran hostilidad. La defensa del ojo es un buen principio para abordar la obra intensa de Ángel González que, en general, vinculó su singular visión de la historia del arte a la intrigante actividad de mirar cuadros. |
|---|