Recent trends in the use of temporary contracts in Spain

Durante las tres últimas décadas, España ha liderado el ranking europeo de los indicadores del empleo temporal. Como consecuencia de la reforma laboral aprobada a mediados de los años 80, la tasa de temporalidad explotó, alcanzando un máximo con la burbuja inmobiliaria. Ninguna de las numerosas refo...

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Detalles Bibliográficos
Autores: Felgueroso, Florentino, García-Pérez, José Ignacio, Jansen, Marcel, Troncoso Ponce, David
Tipo de recurso: informe técnico
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2017
País:España
Institución:Universidad de Sevilla (US)
Repositorio:idUS. Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla
OAI Identifier:oai:idus.us.es:11441/98938
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/11441/98938
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Empleos temporales
Gran Recesión
Mercados de trabajo duales
Temporary jobs
Great Recession
Dual labour markets constraints
Descripción
Sumario:Durante las tres últimas décadas, España ha liderado el ranking europeo de los indicadores del empleo temporal. Como consecuencia de la reforma laboral aprobada a mediados de los años 80, la tasa de temporalidad explotó, alcanzando un máximo con la burbuja inmobiliaria. Ninguna de las numerosas reformas aprobada desde entonces consiguió aliviar este problema de forma significativa. Durante la Gran Recesión, sin embargo, este indicador experimentó una mejoría notable, aunque no suficiente para dejar las posiciones más altas del ranking europeo. En este documento, mostramos que dicha evolución de las tasas de temporalidad no muestra una mejoría real de la precariedad laboral en el mercado de trabajo español. La duración media de los contratos es cada vez más corta. En especial, el uso de los contratos de muy corta duración (de unas horas, hasta menos de una semana) tienen hoy en día un mayor peso que en el período pre-crisis. No obstante, este fenómeno no es totalmente captado por indicadores como la tasa de temporalidad cuando se calcula con datos procedentes de la Encuesta de Población Activa, ocultando parte de la precariedad laboral real. Indicadores y fuentes de datos alternativas que si permiten captarlo, muestran todo lo contrario. Una forma de evaluar si el mayor uso de contratos de corta duración y el aumento del número de contratos por persona está afectando a las trayectorias de empleo es analizar si los cambios en la contratación temporal han empeorado el de por sí muy limitado acceso al empleo indefinido. Nuestro análisis se centra en los jóvenes menores de treinta años. En un primer ejercicio demostramos que la acumulación de contratos favorece la consecución de primeros empleos con contratos temporales. Sin embargo, la duración esperada de estos contratos es menor para jóvenes que han acumulado más contratos y a partir de unos 7 a 8 contratos se reduce la probabilidad de acceder a un contrato indefinido. Esta evidencia apunta al riesgo para determinados colectivos de quedar atrapados en ciclos de contratos de (muy) corta duración. El segundo, y mas llamativo ejercicio, estima directamente el tiempo que los jóvenes necesitan para encontrar su primer empleo indefinido desde su entrada en el mercado laboral. Los datos muestra claramente que el acceso al empleo indefinido se ha hecho más difícil en comparación con el período previo a la Gran Recesión, tanto en términos del tiempo transcurrido hasta el primer contrato indefinido como en el número de contratos temporales previos. Además en términos relativos el deterioro ha sido mayor para las personas menos cualificadas. Las diferencias persisten cuando controlamos por las características individuales y del primer empleo. En concreto, mostramos que la probabilidad que un individuo con características medias continúe sin haber encontrado un empleo indefinido es significativamente mayor a partir del año 2008. Sin embargo, las diferencias desaparecen casi por completo si eliminamos también el efecto del ciclo económico. Por tanto, los resultados parecen indicar que el deterioro en el acceso al empleo indefinido se debe principalmente al aumento en la tasa de paro y no a los cambios en la contratación temporal o las reformas laborales de 2010 y 2012. Pero, y esto es clave, estas mismas reformas tampoco han servido para mejorar el acceso al empleo indefinido.