El Sermón 127 de San Pedro Crisólogo y el Jardín de las Delicias del Bosco

En 1963 publiqué un artículo sobre el «Grupo de la cueva» (fig. 1) en el panel central del Jardín de las Delzczas del Bosco. En él resumía la tesis de Fraenger que interpretaba al hombre vestido como el muevo Adán», símbolo de la secta de los Adamitas, que, según él, estaba representada en el trípti...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Mateo Gómez, Isabel
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:1999
País:España
Institución:Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Repositorio:DIGITAL.CSIC. Repositorio Institucional del CSIC
OAI Identifier:oai:digital.csic.es:10261/26801
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10261/26801
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Pintura renacentista
Iconografía
El Bosco
San Pedro Crisólogo
Descripción
Sumario:En 1963 publiqué un artículo sobre el «Grupo de la cueva» (fig. 1) en el panel central del Jardín de las Delzczas del Bosco. En él resumía la tesis de Fraenger que interpretaba al hombre vestido como el muevo Adán», símbolo de la secta de los Adamitas, que, según él, estaba representada en el tríptico; también aludí a la propuesta de Bax quien había interpretado esa figura como Lucifer tratando de seducir a Eva l. Yo basé mi interpretación entonces en el análisis individual de cada uno de los elementos e individuos que componían el grupo de la «cueva» y que no habían sido aludidos por los autores citados. Entre esos elementos estaba el tubo de cristal decorado por once circulitos que cruzaba a la mujer del primer plano, y que teniendo en cuenta la simbología de la época, podía significar la fragilidad humana -1 vidrio- y el pecado los once circulitos, ya que este número, por traspasar el diez -número de los Mandamientos- tenía ese simbolismo. Respecto a la figura femenina había un elemento clarísimo que la identificaba con Eva, la manzana que llevaba en la mano. Respecto al sello o tapón que había sobre sus labios y que le otorgaba carácter de Sibila o guardadora de un secreto, lo comparé con el candado del hombre que, con los labios sellados por él, aparecía en el grabado de Peter Brueghel, las Brujas de Mallegheiz, en un lugar recóndito 4 o m o Eva- debajo de la mesa y mostrando en la mano un órgano masculino que, como protagonista del grabado, representaba la castración