Hilario de Poitiers en Oriente (356-361). Un análisis del papel desempeñado por su exilio en su posicionamiento en la polémica antiarriana

El exilio decretado por el sínodo de Béziers en 356 abre una etapa decisiva en la vida de Hilario de Poitiers. El castigo por no apoyar a aquellos que, de forma sistemática, condenaron a Atanasio de Alejandría y depusieron a todos los obispos que se adhirieron a su causa, resultó ser para Hilario un...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Alba López, Almudena
Tipo de documento: artigo
Data de publicação:2021
País:España
Recursos:Universidad Nacional de Educación a Distancia
Repositório:e-spacio. Repositorio Institucional de la UNED
Idioma:espanhol
OAI Identifier:oai:e-spacio.uned.es:20.500.14468/22886
Acesso em linha:https://hdl.handle.net/20.500.14468/22886
Access Level:Acceso aberto
Palavra-chave:55 Historia
Hilario De Poitiers
Conflicto Arriano-Niceno
Homeusios
Hilary of Poitiers
Arian-Nicene Conflict
Descrição
Resumo:El exilio decretado por el sínodo de Béziers en 356 abre una etapa decisiva en la vida de Hilario de Poitiers. El castigo por no apoyar a aquellos que, de forma sistemática, condenaron a Atanasio de Alejandría y depusieron a todos los obispos que se adhirieron a su causa, resultó ser para Hilario una oportunidad para imbuirse de la riqueza de la teología cristiana del ámbito grecoparlante y, especialmente, de la origeniana, que tanta influencia estaría llamada a tener en las obras que el obispo de Poitiers compuso después de su estancia en Frigia. A esto hay que unir la oportunidad que tuvo de tratar directamente con el clero oriental y participar en sus sínodos, extremo que le permitió conocer de primera mano la profundidad y la complejidad de la controversia teológica que confrontaba a los partidarios y detractores del credo niceno en ambos lados del Imperio. Los Padres de la Iglesia forman una parte esencial del tronco común de la cristiandad. Su magisterio, siempre vivo y vivificante, trasciende cualquier diferencia contingente y nos recuerda que todos los bautizados somos, en virtud de esa unción y con independencia de la denominación a la que nos adscribamos, piedras vivas del Templo de Dios (1Pe 2,5). En este sentido, el testimonio de Hilario de Poitiers, al que Paul Galtier calificó con acierto como “vínculo entre Oriente y Occidente”, resulta más pertinente que nunca a la luz de la celebración de los 25 años de la encíclica Ut Unum Sint.