| Sumario: | El orden establecido, que disponía la dependencia y subordinación de los conventos femeninos a las jerarquías eclesiásticas masculinas, constituyó el marco institucional regulado para estas comunidades, pero no monopolizó el mundo vivo, ni el vivido por ellas. Esto es lo que defendemos desde una investigación que plantea otras perspectivas interpretativas y desde una mirada que pone la vista en ellas, las religiosas, en sus consideraciones y en sus acciones. Sobre esa realidad institucional y normativizada, las religiosas trabajaron y se esforzaron en la defensa y en la reivindicación de cotas de autonomía para gobernarse. Nuestro objetivo es mostrar cómo sostuvieron explícitamente su competencia, su idoneidad y su capacidad suficiente para el gobierno y la dirección de sus comunidades sobre la base de su experiencia y de un conocimiento acerca de la realidad de sus propias comunidades religiosas y unos saberes mucho más solventes. Esta convicción formó parte además de una acción política femenina que se desplegó en variedad de formas y momentos. Una de las expresiones más relevantes se plasmó en lo que consideramos que fueron escritos de gobierno por ellas elaborados.
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