Entre Cataluña y Sicilia. Las cortes virreinales en el Mediterráneo en el tránsito de Felipe II a Felipe III

La ascensión al trono de Felipe III en 1598 implicó un importante cambio en las relaciones externas de la monarquía española. La voluntad del joven rey de detener cualquier confrontación abierta mediante la firma de una pax internacional muy deseada fue acompañada por la idea de proyectar una imagen...

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Detalles Bibliográficos
Autor: González Reyes, Carlos
Tipo de recurso: tesis doctoral
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2017
País:España
Institución:CBUC, CESCA
Repositorio:TDR. Tesis Doctorales en Red
OAI Identifier:oai:www.tdx.cat:10803/666265
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10803/666265
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Història moderna
Historia moderna
Modern history
Virreis
Virreyes
Viceroys
Catalunya
Cataluña
Catalonia
Sicília (Itàlia)
Sicilia (Italia)
Sicily (Italy)
Regnat de Felip II de Castella, 1556-1598
Regnat de Felip III d'Espanya, 1598-1621
Ciències Humanes i Socials
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Descripción
Sumario:La ascensión al trono de Felipe III en 1598 implicó un importante cambio en las relaciones externas de la monarquía española. La voluntad del joven rey de detener cualquier confrontación abierta mediante la firma de una pax internacional muy deseada fue acompañada por la idea de proyectar una imagen más amable de la monarquía. Una nueva generación de virreyes y gobernadores llegaron a las principales ciudades europeas gobernadas por los españoles (Bruselas, Milán, Nápoles, Palermo) que más allá de las instrucciones específicas para ejercer su gobierno, actuaron como agentes culturales que fomentaron un poder fastuoso de la monarquía a la que representaban con diferentes acciones basadas en el uso de la imagen. Una de las figuras fundamentales en esta nueva línea de acción fue Don Bernardino de Cárdenas y Portugal, III duque de Maqueda, virrey de Cataluña (1592-1596)) y de Sicilia (1598-1601). Una de sus primeras decisiones al llegar a Palermo fue construir un impresionante cortile en el antiguo palacio real construido por los normandos en la Edad Media, abriendo algunas de sus partes al público de Palermo, y considerado como el símbolo de la nueva imagen del poder español en el isla. Poco después, siguiendo la tradición de sus predecesores en el cargo virreinal en Sicilia, promovió una renovación completa del tejido urbano de la ciudad, abriendo una arteria que cruzaba la ciudad de un extremo a otro y que todavía lleva su nombre hasta el día de hoy y la renovación de diferentes ejes viarios de la capital para hacerla más majestuosa. Todas estas medidas, continuadas por los sucesores de Maqueda, darían a la capital siciliana una forma renovada que cumpliría con las ideas de esa época. La importancia de estas medidas de fomento de la imagen pública con obras arquitectónicas, urbanas y fiestas colosales reside en el deseo de que Palermo sea un ejemplo claro de una ciudad adecuada para ser la sede del gobierno que cumpla con las reglas de una ciudad barroca, y en armonía con otras capitales de Europa en ese momento como Nápoles y Milán. El III duque de Maqueda, del mismo modo que otros virreyes de la Monarquía de esa época supo mantener un diálogo e influencia cultural en su gobierno junto a las acciones militares. Este hecho resulta de gran interés ya que fue un virrey que vivió a caballo entre dos monarcas con una proyección del poder internacional bastante diferente. Además, el duque era heredero de una tradición familiar, la vinculación de su Casa a los cargos de virreyes y gobernadores, tradición que él mismo ejemplificó y perpetuó en sus descendientes mostrando su capacidad de adaptación a los requerimientos de los Monarca a los que le tocó servir.