The role of the mendicant orders in the political life of Leon and Castile in the later 13th century

Los frailes mendicantes, cuya presencia en Castilla y León fue previa a la unificación de ambos reinos, en el año 1230, intervinieron activamente en la vida política del mismo durante la segunda mitad del siglo XIII, tal y como pone de manifiesto el análisis de algunos de los asuntos políticos más i...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Ríos de la Llave, Rita Dolores|||0000-0001-7729-0155
Tipo de recurso: libro
Fecha de publicación:2003
País:España
Institución:Universidad de Alcalá (UAH)
Repositorio:e_Buah Biblioteca Digital Universidad de Alcalá
Idioma:inglés
OAI Identifier:oai:ebuah.uah.es:10017/842
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10017/842
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Mendicant orders
Politics
Castile and Leon
13th century
Castilla y León
Órdenes mendicantes
Siglo XIII
Humanidades
Historia
Humanities
History
Descripción
Sumario:Los frailes mendicantes, cuya presencia en Castilla y León fue previa a la unificación de ambos reinos, en el año 1230, intervinieron activamente en la vida política del mismo durante la segunda mitad del siglo XIII, tal y como pone de manifiesto el análisis de algunos de los asuntos políticos más importantes de ese período. Por un lado, en el "fecho del Imperio", expresión que hace referencia a las aspiraciones del rey Alfonso X al trono imperial alemán: franciscanos y dominicos actuaron como mediadores y embajadores ante la Santa Sede al servicio del rey castellano-leonés, aunque sin mucho éxito. Por otro lado, en el problema de la sucesión de Alfonso X: el monarca dudaba entre sus nietos, los hijos de su primogénito, el malogrado Fernando de la Cerda, y el infante Sancho, que fue el que finalmente accedió al trono. En líneas generales, la mayoría de los frailes, sobre todo los dominicos, se mostraron siempre al lado del rey Sabio, y prueba de su influencia es que incluso fueron utilizados por el Papa Nicolás III para mediar en el conflicto. Finalmente, con relación a la legitimación del matrimonio entre Sancho IV y María de Molina, que no podían contraer matrimonio por el grado de parentesco existente entre ambos. El monarca se sirvió de los franciscanos para negociar ante el Papado, mientras que algún dominico se vio implicado en la elaboración de una bula falsa que reconocía dicho matrimonio, aunque todos ellos fracasaron. De todos modos, y a pesar de su éxito desigual, franciscanos y dominicos obtuvieron su recompensa: los diferentes monarcas no dudan en cederles privilegios y bienes, prueba del grado de influencia que habían alcanzado estas dos órdenes mendicantes.