Los primeros espacios en la construcción del baile flamenco en Sevilla (1836-1850)

Desde el fallecimiento del rey Fernando VII en 1833 se produjeron importantes cambios políticos en la nación, que provocarían en Sevilla un panorama diferente al que hasta el momento se había vivido, afectando tanto a los cabildos municipales y eclesiásticos, como a las tertulias del malecón junto a...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Plaza-Orellana, Rocío
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2018
País:España
Institución:Universidad de Sevilla (US)
Repositorio:idUS. Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla
OAI Identifier:oai:idus.us.es:11441/153201
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/11441/153201
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Baile
Flamenco
Sevilla
Teatro
Descripción
Sumario:Desde el fallecimiento del rey Fernando VII en 1833 se produjeron importantes cambios políticos en la nación, que provocarían en Sevilla un panorama diferente al que hasta el momento se había vivido, afectando tanto a los cabildos municipales y eclesiásticos, como a las tertulias del malecón junto al río. Entre los aspectos más afectados se encontraría especialmente la exhibición de bailes en espacios privados y públicos, ya que desde finales del siglo XVIII en la ciudad había imperado una fuerte corriente conservadora, instalada entre una parte considerable de los representantes municipales, que se había manifestado contundente, y con una especial constancia, contraria al teatro con sus espectáculos, y a los bailes públicos. Parte de los principios que alimentaban estos recelos se fundamentaban en los contenidos que el fraile Diego José de Cádiz volcaba en sus prédicas, sermones y cartas. Este fraile, comenzó a difundir su mensaje a partir de 1776, con los sermones que ofreció en el sagrario, el 22 de noviembre. Después, su discurso fluyó entre él y una parte importante de la sociedad sevillana con constancia y naturalidad, pues su presencia fue frecuente y su mensaje permeable y eficaz con sus objetivos. Entre ellos se encontraría el desprecio por el teatro, los bailes y las modas femeninas francesas, y pudo mantener sus creencias con firmeza, afectando a la relación de estos con los sevillanos, aún con más rotundidad desde que fuera nombrado veinticuatro honorífico en 1792.