Técnica y sentido

El ser humano precisa de la técnica para vivir y desarrollarse en todas sus dimensiones, biológicas, sociales y espirituales. La técnica, por su parte, cobra sentido cuando es puesta precisamente al servicio del desarrollo humano. Pero lo técnico ha ido desplegándose a lo largo de la historia en div...

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Detalles Bibliográficos
Autores: Chillón, José Manuel, Marcos, Alfredo
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2015
País:España
Institución:Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir
Repositorio:RIUCV. Repositorio de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir
Idioma:español
OAI Identifier:oai:riucv.ucv.es:20.500.12466/388
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/20.500.12466/388
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Técnica
Tecnología
Serenidad
Technology
Technics
Serenity
72 Filosofía
Descripción
Sumario:El ser humano precisa de la técnica para vivir y desarrollarse en todas sus dimensiones, biológicas, sociales y espirituales. La técnica, por su parte, cobra sentido cuando es puesta precisamente al servicio del desarrollo humano. Pero lo técnico ha ido desplegándose a lo largo de la historia en diversas modalidades: de la simple técnica hemos pasado a la tecnología, después a la tecnociencia, de ahí a la biotecnología y, en última instancia, a la antropotecnia. En los últimos años algunos pensadores han propuesto emplear lo técnico sobre el propio ser humano, para transformarlo en un ser posthumano. Tanto Husserl como la escuela de Frankfurt habían denunciado ya la pérdida del sentido provocada por la absolutización de la razón instrumental. Nosotros detectamos que el riesgo del sinsentido se intensifica cuando lo técnico se aplica sin criterio, sin otra razón que la puramente instrumental, sobre el propio ser humano. Argumentamos que, si este proyecto antropotécnico se cumpliese, probablemente lo técnico mismo perdería su sentido y vería posiblemente debilitado su propio crecimiento. Entendemos que la respuesta, con todo, no ha de ir en la línea neoludita, sino en la línea de la actitud que Heidegger denominó serenidad.