La "santina" y el Gran Duque de Toscana. Maria Caterina Brondi, retrato y análisis de una mística en la Italia de los siglos XVII y XVIII

[spa] Maria Caterina Brondi (1684-1719) fue una sierva de Dios nacida en Sarzana, una ciudad bajo el gobierno de la República de Génova. Su camino de perfección la situó bajo la guía espiritual de diferentes directores espirituales y también bajo la atención del Santo Oficio. Su vida contemplativa s...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Molina Egea, Montserrat
Tipo de recurso: tesis doctoral
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2019
País:España
Institución:Universidad de Barcelona
Repositorio:Dipòsit Digital de la UB
OAI Identifier:oai:diposit.ub.edu:2445/133069
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/2445/133069
http://hdl.handle.net/10803/666877
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Història de les religions
Misticisme
Santedat
Hagiografia
History of religions
Mysticism
Holiness
Hagiography
Cosme III, gran duc de Toscana, 1642-1723
Brondi, Maria Caterina, 1684-1719
Descripción
Sumario:[spa] Maria Caterina Brondi (1684-1719) fue una sierva de Dios nacida en Sarzana, una ciudad bajo el gobierno de la República de Génova. Su camino de perfección la situó bajo la guía espiritual de diferentes directores espirituales y también bajo la atención del Santo Oficio. Su vida contemplativa se vio complementada por una vida activa que la llevó a ciudades como Massa, Génova y Pisa, donde desarrolló una labor de asistencia espiritual y hospitalaria en beneficio de las personas. Los creyentes reconocieron en ella a una mujer santa, un papel que ella misma asumió y visibilizó a través del uso que hizo del apelativo de santina di Sarzana en la correspondencia. La sociedad y especialmente las autoridades eclesiásticas se enfrentaron a su caso desde la ambivalencia de la aceptación y del rechazo. El Gran Duque Cosme III de Médici se significó a su favor y ejerció el patronazgo sobre ella, resultando de esa actividad la presencia de la mujer en Pisa y la proyección de un viaje a Florencia. Ese interés del gobernante no desapareció con el fallecimiento de la sierva de Dios sino que se extendió al proyecto hagiográfico que se inició en 1719 y que ha mantenido vivo su recuerdo hasta entrado el siglo XXI.