| Resumo: | Desde hace siglo y medio la longevidad humana aumenta a un ritmo de tres meses cada año (Oeppen y Vaupel, 2002). Esta evolución ha traído consigo una profunda transformación de nuestro sistema reproductivo. En el pasado, la alta mortalidad infantil hacía necesaria una alta fecundidad para garantizar la sustitución de las poblaciones adultas. Tras siglo y medio de disminución de la mortalidad a todas las edades y con esperanzas de vida que superan ya los 80 años, las generaciones han adaptado su esfuerzo reproductivo a un escenario de alta supervivencia. En la actualidad, el aumento del tiempo de vida y la superposición de generaciones cumplen el rol que hace un siglo cumplía la alta natalidad en nuestro sistema reproductivo. Esta profunda transformación en la reproducción humana se conoce como transición demográfica (Notestein, 1945; Coale, 1989).
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