¿Qué puede enseñarnos el Hollywood clásico sobre la acogida a los refugiados y los desplazados? Una lectura filosófica de Si no amaneciera (1941) de Mitchell Leisen

La alianza entre filosofía y cine que muestran la obra de Stanley Cavell, recientemente fallecido, y la de Robert B. Pippin, puede ayudarnos a recuperar los valores que caracterizan la auténtica educación ciudadana. El cine de Mitchell Leisen mantiene su vigencia por la sutileza con la que une la ca...

ver descrição completa

Detalhes bibliográficos
Autor: Peris Cancio, José Alfredo
Formato: artículo
Fecha de publicación:2018
País:España
Recursos:Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir
Repositorio:RIUCV. Repositorio de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir
Idioma:español
OAI Identifier:oai:riucv.ucv.es:20.500.12466/3330
Acesso em linha:http://hdl.handle.net/20.500.12466/3330
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Migrantes
Fronteras
Totalitarismo
Derechos humanos
Cine clásico
2209.02 Cinematografía
Descrição
Resumo:La alianza entre filosofía y cine que muestran la obra de Stanley Cavell, recientemente fallecido, y la de Robert B. Pippin, puede ayudarnos a recuperar los valores que caracterizan la auténtica educación ciudadana. El cine de Mitchell Leisen mantiene su vigencia por la sutileza con la que une la calidad del amor humano y la construcción de una sociedad justa y democrática. Si no amaneciera (Hold Back the Dawn, 1941) recoge su obra anterior y la proyecta casi como un “cine de mensaje”. Aquí, junto a la trama principal del matrimonio por conveniencia que se transforma y redime, Leisen presenta tres casos felices de personas que encuentran acogida: un peluquero acogido como ciudadano de honor, una familia alemana gracias al nacimiento de un hijo más allá de la frontera, además del matrimonio fraudulento redimido. Otro queda en espera –una familia belga que bendice los ideales cívicos de Estados Unidos y de México que los acoge provisionalmente, sin que lleguemos a contemplar su acogida–. Finalmente, otro caso es silenciosamente dramático: el suicidio de un ciudadano alemán, en el hotel de espera, al comienzo de la película.