Arquitectura sanitaria: sanatorios antituberculosos

El hospital antituberculoso tiene algo del encanto y el misterio de un mundo perdido, pasado, acabado, de algo que sabemos no volverá a repetirse. Algo que nació, como tantas otras cosas del hombre, sobre débiles bases, que evolucionó con el desarrollo de una enfermedad individual que tuvo el poder...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Ruiloba Quecedo, Cecilia
Tipo de recurso: libro
Fecha de publicación:2015
País:España
Institución:Instituto de Salud Carlos III (ISCIII)
Repositorio:Repisalud
Idioma:español
OAI Identifier:oai:repisalud.isciii.es:20.500.12105/5422
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/20.500.12105/5422
Access Level:acceso abierto
Descripción
Sumario:El hospital antituberculoso tiene algo del encanto y el misterio de un mundo perdido, pasado, acabado, de algo que sabemos no volverá a repetirse. Algo que nació, como tantas otras cosas del hombre, sobre débiles bases, que evolucionó con el desarrollo de una enfermedad individual que tuvo el poder de convertirse en una calamidad colectiva y que acabó, inesperadamente, cuando se estableció una terapia efectiva para la enfermedad, que transformó en inútiles unos recursos que poco antes parecían imprescindibles y que tendieron a multiplicarse sin límite. La tuberculosis llegó a ser considerada una enfermedad degenerativa o hereditaria. Hasta 1882 no se identificó (Koch) el microorganismo causal que, en torno a 1900, era la principal causa de mortalidad, que solo mejoró con la mejora de la nutrición y de las condiciones de vida. Hasta que se descubrió la estreptomicina (1947) y otros medicamentos (rifampicina en 1971), no se disponía de un tratamiento eficaz contra la enfermedad. En 1974, en EEUU la prevalencia era del 14 por 100.000 habitantes (en 1953 era de 53 por 100.000 ha¬bitantes). Tras la introducción de los nuevos medicamentos, se desencadenó el consiguiente proceso de reorganización de servicios sanitarios, trasfiriendo la atención de los pacientes a los dispensarios antituberculosos para su tratamiento ambulatorio, y cerrando algunos sanatorios (especialmente los más aislados), mientras que otros reorientaron los servicios, ocupándose poco a poco por otro tipo de pacientes, como los psiquiátricos en los que la tuberculosis estaba muy extendida. La historia de una transformación poco estudiada en la que influyeron múltiples variables.