Domesticar LA CIUDAD (III). Acerca de lo común y lo diferenciado. Vivir el espacio social entre edificios. Investigación sobre el espacio urbano común

La arquitectura posee un enorme potencial para facilitar la vida cotidiana de las personas que la habitan, propiciando ocasiones, modos, y sentido a las relaciones. Los espacios públicos, entendidos como la arquitectura de la ciudad, constituyen soportes de los hábitos de relación social, y son inst...

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Detalles Bibliográficos
Autores: Casado Martínez, Rafael, Fernández-Valderrama, Luz, Herrero Elordi, Antonio Julio, Galleguillos, Ximena, Vázquez Avellaneda, Juan José (Coordinador), Añón Abajas, Rosa María (Coordinador)
Tipo de recurso: capítulo de libro
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2017
País:España
Institución:Universidad de Sevilla (US)
Repositorio:idUS. Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla
OAI Identifier:oai:idus.us.es:11441/73512
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/11441/73512
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Ciudad
habitar
espacio urbano común
espacio social diferenciado
barrio
Domesticated city
dwelling
common urban space
differentiated social space
neighborhood
Descripción
Sumario:La arquitectura posee un enorme potencial para facilitar la vida cotidiana de las personas que la habitan, propiciando ocasiones, modos, y sentido a las relaciones. Los espacios públicos, entendidos como la arquitectura de la ciudad, constituyen soportes de los hábitos de relación social, y son instrumentos para promover la convivencia. Aunque el uso y apropiación de los espacios-calle depende en gran medida de la capacidad de la arquitectura para dar lugar a las acciones sociales, ese potencial sólo se puede materializar por los habitantes, dadas sus costumbres, estilos de vida y actividades. En este contexto, esta reflexión contribuye a la discusión sobre la necesidad de atender el espacio común entre los edificios como espacio social. En la medida que la arquitectura del espacio común sea capaz de recibir hábitos domésticos, la ciudad cobrará vida, aquella que le prestan sus moradores, y que también es configuradora de la arquitectura del lugar. La ciudad domesticada significa atender saberes físicos e inmateriales, reales e imaginados, comunes, públicos y diferenciados, y aprehender las experiencias relativas a la habilidad resiliente de sus habitantes para apoyar en la generación de relaciones de vecindad, a nivel de calle, barrio y ciudad en espacios comunes de vivienda colectiva desde la arquitectura y urbanismo; todo esto con el propósito de enfrentar desaciertos e insatisfacciones en la calidad de vida urbana, gestión de conocimiento fundamental para avanzar hacia un desempeño urbanístico y proyectual sustentable.