Pedagogía divina y cooperación humana. La dinámica de la paideia cristiana en los 'Stromata' de Clemente de Alejandría

Uno de los fundadores de la tradición educativa cristiana fue sin duda Clemente de Alejandría. Entre sus obras ocupan un lugar preferente los Stromata , un exten - so tratado teológico en el que encontramos numerosas reflexiones pedagógicas. A pesar de su inequívoca importancia, dicha obra tiene esc...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Laspalas-Pérez, F.J. (Francisco Javier)|||/items/0fb90ada-028e-44a4-8363-2c1d50701fc0
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2013
País:España
Institución:Universidad de Navarra
Repositorio:Dadun. Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra
Idioma:español
OAI Identifier:oai:dadun.unav.edu:10171/36300
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/10171/36300
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Clemente de Alejandría
Educación
Cristianidad
Civilización griega
Stromata
Paideia griega
Descripción
Sumario:Uno de los fundadores de la tradición educativa cristiana fue sin duda Clemente de Alejandría. Entre sus obras ocupan un lugar preferente los Stromata , un exten - so tratado teológico en el que encontramos numerosas reflexiones pedagógicas. A pesar de su inequívoca importancia, dicha obra tiene escasa presencia en el ámbi - to de la Historia de la Educación. Por ello, en este artículo intentamos mostrar la profundidad y originalidad de las ideas en ella expuestas, que serían explicitadas por Padres de la Iglesia posteriores, en particular por San Agustín. Tras exponer en qué consiste la santidad —meta de la formación cristiana—, nos preguntamos qué agentes contribuyen a ella. Ello nos permite constatar que para el Alejandrino la perfección espiritual es ante todo un don sobrena - tural, pero sólo lo reciben quienes se esfuerzan por conocer y seguir a Cristo, imagen viva de Dios. Por esta vía, el creyente puede identificarse con el Padre a través del Logos. Ahora bien, es en el marco de la imitación de Cristo —verda - dero Dios y verdadero Hombre—, donde cobra todo su sentido la conquista de las virtudes naturales —tanto intelectuales como morales—, concebidas como la ineludible aportación de cada creyente a su propia santificación