El profesional ecléctico y la vanguardia: fobias y filias
[ES] En los textos sobre arquitectura las “épocas” se diferencian de sus anteriores singularizándose por lo novedoso. Así, el diletante del arte o de la arquitectura puede tener la sensación de que toda la “práctica profesional” ha dado un gran paso y al unísono. Esto nunca ha sido cierto y precisam...
| Autor: | |
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| Tipo de recurso: | capítulo de libro |
| Fecha de publicación: | 2018 |
| País: | España |
| Institución: | Universitat Politècnica de València (UPV) |
| Repositorio: | RiuNet. Repositorio Institucional de la Universitat Politécnica de Valéncia |
| Idioma: | español |
| OAI Identifier: | oai:riunet.upv.es:10251/189936 |
| Acceso en línea: | https://riunet.upv.es/handle/10251/189936 |
| Access Level: | acceso abierto |
| Palabra clave: | Architectural avant-garde Eclectic architecture Traditional architecture Avant-garde architecture Eclecticism Vanguardias arquitectónicas Arquitectura ecléctica Arquitectura tradicional Arquitectura de vanguardia Eclecticismo COMPOSICION ARQUITECTONICA |
| Sumario: | [ES] En los textos sobre arquitectura las “épocas” se diferencian de sus anteriores singularizándose por lo novedoso. Así, el diletante del arte o de la arquitectura puede tener la sensación de que toda la “práctica profesional” ha dado un gran paso y al unísono. Esto nunca ha sido cierto y precisamente en el periodo que nos ocupa de la vanguardia en el siglo XX, mucho menos. Ni siquiera arquitectos tan comprometidos como Ludwig Mies van der Rohe abandonaron los estilos eclécticos para entregarse totalmente a un nuevo estilo, que aún no tenía la demanda requerida para dar ese paso. Los arquitectos de vanguardia fueron minoría en una Europa dominada profesionalmente, al menos hasta la postguerra mundial, por la arquitectura ecléctica. Desde comienzos de siglo XIX y de una forma ininterrumpida, la arquitectura se había apoyado en su propia historia para intentar construir un estilo secular. Por el contrario, las vanguardias renunciaban a la historia como elemento operativo; ésta quedaba simplemente como una disciplina más en la formación de un arquitecto. La vida articulada por la técnica y el trabajo, basado a su vez en la industria, comenzó a hacer germinar la idea funcionalista de que se debía diseñar una máquina para habitar. Esa máquina sería óptimo que proviniera de la industria y fuera ubicua. Es decir, si se perseguía la gran empresa de dotar de trabajo, educación y confort a todos los ciudadanos del mundo, esa máquina debía poder instalarse en cualquier parte. Esto chocaba de plano con la idea de la singularidad, el estudio del clima y la puesta en valor de las características geográficas y culturales aplicadas a la arquitectura por los arquitectos eclécticos. Esa noción de la belleza, extremadamente madura, chocaba con la sociedad, especialmente con la burguesía que no entendía las sugerencias, sino las formas y el color, ambos explícitos. El ecléctico, por el contrario, se apoyaba en la decoración para resaltar la antedicha singularidad cultural y geográfica. La nueva arquitectura apostaba claramente por la tecnología y la “racionalidad”, dejando vistos elementos que hasta el momento se habían considerado exclusivamente constructivos. Precisamente, esa arquitectura secular decimonónica, no pudo materializarse como tal por la firme opinión (que tenían los arquitectos) de que la construcción era parte inherente de la arquitectura, pero ella sola no era arte, no era arquitectura. Si el pensamiento arquitectónico no hubiera tenido ese tipo de “prejuicios”, la arquitectura del siglo XIX podría haber derivado, simplemente, del uso claro de los nuevos materiales. Por el contrario, los arquitectos sólo los dejaban a la vista en obras muy específicas que requerían cubrir grandes luces y en nuevas tipologías edilicias. Los elementos constructivos no se utilizaban vistos para la arquitectura doméstica o en la arquitectura monumental. Para las vanguardias, la arquitectura tradicional asfixiaba con la ornamentación, no era funcional, se utilizaban elementos que no servían para garantizar ni el confort ni la estabilidad. Por ello, los arquitectos partidarios de la vanguardia no podían evitar comparar, en sus publicaciones, su nueva arquitectura con la tradicional. La comparación no solamente se realizaba desde una nueva estética, sino que se hacía hincapié en parámetros de tipo higienista y sobre todo funcionales. Mientras los jóvenes arquitectos de las vanguardias adoptaban una postura beligerante, ¿Qué actitud tomaban los eclécticos? |
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