Habitar la tierra : ciudad versus naturaleza

Desde siempre, el hombre ha desarrollado una actividad incesante de transformación del ambiente natural con el objetivo de hacer que el ambiente (la naturaleza) se adapte a él; a diferencia de los animales, el hombre está desprovisto de las características genéticas (instinto, garras, colmillos) que...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Scandurra, Enzo
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2004
País:España
Institución:Universitat Politècnica de Catalunya (UPC)
Repositorio:UPCommons. Portal del coneixement obert de la UPC
Idioma:español
italiano
OAI Identifier:oai:upcommons.upc.edu:2117/120824
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/2117/120824
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Architecture
Arquitectura
Àrees temàtiques de la UPC::Arquitectura
Descripción
Sumario:Desde siempre, el hombre ha desarrollado una actividad incesante de transformación del ambiente natural con el objetivo de hacer que el ambiente (la naturaleza) se adapte a él; a diferencia de los animales, el hombre está desprovisto de las características genéticas (instinto, garras, colmillos) que crean espontáneamente las condiciones de supervivencia. La especie humana, en este sentido, es una especie deficiente (Gehlen, 1983) que ha confiado a la tecnología la tarea de modificarse a sí misma y a modificar el ambiente natural circundante. El hombre y la tecnología no son, por tanto, dos entidades separadas, ya que la tecnología contribuye a formar la esencia del hombre (Severino, Galimberti, Longo), de manera que éste, en realidad, siempre ha forjado con los instrumentos su propia interacción con el mundo (Longo, 2000c). Entonces, la actividad de modificación del propio ambiente corresponde, en primer lugar, a una necesidad biológica fundamental. Esta última no sólo se desarrolla en el sentido físico (cambiando el curso de los ríos, talando árboles en los bosques, construyendo diques y túneles que atraviesan las montañas: el mundo habitado por el hombre es el mismo que él produce a través del lenguaje, la filosofía, la historia, las religiones y los mitos. La tecnología, que hace posible la reconstrucción racional del mundo, no es, pues, sólo el conjunto de artefactos materiales, máquinas y prótesis mecánicas, sino comprende también el lenguaje, los medios de comunicación, la cultura y sus productos.