Tras la estela de Magallanes: tres siglos de expansión hispana en el Pacífico

El océano Pacífico se caracteriza por una inmensa mancha azul salpicada por pequeñas islas de un intenso verdor: más de veinte mil que se distribuyen principalmente entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio. Esta galaxia de islas se agrupan en archipiélagos, donde varias grandes ínsulas están ro...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Bernabéu Albert, Salvador
Tipo de documento: outro
Estado:Versão publicada
Data de publicação:2014
País:España
Recursos:Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Repositório:DIGITAL.CSIC. Repositorio Institucional del CSIC
OAI Identifier:oai:digital.csic.es:10261/96893
Acesso em linha:http://hdl.handle.net/10261/96893
Access Level:Acceso aberto
Palavra-chave:Magallanes
Expansión hispana
Pacífico
Descrição
Resumo:El océano Pacífico se caracteriza por una inmensa mancha azul salpicada por pequeñas islas de un intenso verdor: más de veinte mil que se distribuyen principalmente entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio. Esta galaxia de islas se agrupan en archipiélagos, donde varias grandes ínsulas están rodeadas por docenas de pequeños atolones o simples rocas emergidas. Sin embargo, esta vecindad contrasta con la enorme distancia que, en ocasiones, separa los distintos grupos o islas, como la famosa Rapa Nui o Isla de Pascua, situada a 3.500 km del continente americano y a 2.000 km de la isla más cercana: Pitcairn, el hogar de los desertores de la Bounty (1789-1790). Estas características explican que la expedición comandada por Hernando de Magallanes –con tres de las cinco naves con las que partió de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519– apenas encontrara dos islas, bautizadas como Infortunadas, en su navegación por el gran océano que bautizó como Pacífico por sus aguas tranquilas y suaves corrientes, después de superar el estrecho que lleva su nombre el 27 de noviembre de 1520. Tras varios meses de singladura, los expedicionarios avistaron las islas de los Ladrones (Marianas) y el archipiélago de San Lázaro (Filipinas), donde el navegante lusitano al servicio de la Corona española encontró la muerte. La jornada demostró las enormes proporciones del océano, bautizado por Balboa como Mar del Sur, y las dificultades para su travesía: largas jornadas sin ver tierra, hambre, sed, enfermedades, incertidumbre, etc. A pesar de ello, la poderosa atracción de las especias, concentrada en un puñado de islas conocidas como el Maluco o el archipiélago de las Molucas, puso de nuevo en la mar a docenas de barcos, cientos de hombres y enormes caudales, que siguieron la estela abierta por Magallanes.