Repercusiones antropológicas del diagnóstico hegeliano sobre la muerte del arte

La muerte es uno de los umbrales de la vida humana. Entre la cuna y la sepultura transcurre nuestra existencia. Y una reflexión completa y profunda sobre el ser humano no puede dejar de lado tan acuciante problema. Aunque quizá cabría mejor denominarlo misterio, siguiendo la conocida distinción de G...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Moya Ruiz, Albert
Formato: capítulo de livro
Fecha de publicación:2025
País:España
Recursos:Varias* (Consorci de Biblioteques Universitáries de Catalunya, Centre de Serveis Científics i Acadèmics de Catalunya)
Repositorio:Recercat. Dipósit de la Recerca de Catalunya
OAI Identifier:oai:dnet:recercat____::d8676452b47f1c6591770712d4c31dc5
Acesso em linha:https://hdl.handle.net/20.500.12328/5296
https://dx.doi.org/10.14679/4612
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Philosophy
Art
Anthropology
Filosofía
Arte
Antropología
Filosofia
Antropologia
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Descrição
Resumo:La muerte es uno de los umbrales de la vida humana. Entre la cuna y la sepultura transcurre nuestra existencia. Y una reflexión completa y profunda sobre el ser humano no puede dejar de lado tan acuciante problema. Aunque quizá cabría mejor denominarlo misterio, siguiendo la conocida distinción de Gabriel Marcel entre problemas y misterios. Los problemas se resuelven, los misterios dan que pensar y en torno a ellos gira nuestra vida. El misterio del nacimiento es una dicha, y el de la muerte una desdicha, como cantó Manrique y reza el título de presente volumen. ¿O no es una desdicha? El conjunto de textos que se recogen aquí no pretenden ser una advertencia parenética sobre la cercanía de la muerte (memento mori), pues al fin y al cabo, a morir no se puede aprender (mori non discitur) ya que, al igual que el nacimiento, sucede de una vez por todas, sin posibilidad de ensayo previo. ¿Entonces qué pretendemos? Arrojar un poco de luz. Renunciar a pensar en la muerte es renunciar pensar algo tan propio del hombre que mentar a “los mortales” vale por decir “seres humanos”. La marca que distinguía a los humanos de los dioses para la Grecia clásica, cuna de la filosofía, era precisamente la mortalidad. Pero aquí no se trata sólo de pensar la ignorancia de la hora fatal (mors certa, hora incerta), sino que la muerte de alguna manera corona la vida (finis coronat opus) e incluso como quería Petrarca, quizá una muerte hermosa honre toda una vida (un bel morir, tutta una vita onora). Si la filosofía consuela de algo, como pretendía Boecio, es precisamente de la mortalidad, porque se convierte...