| Sumario: | La vid Vitis vinifera L., como ocurre con otras muchas especies, tiene su origen en Asia Menor en las estribaciones del Cáucaso. Desde allí, difundida por las distintas civilizaciones, se extendió por toda la cuenca mediterránea, y su cultivo fue especialmente impulsado por fenicios, griegos y sobre todo por los romanos. Posteriormente, con los grandes descubrimientos, se extendió al resto del mundo desde el continente europeo. Según datos de la Oficina Internacional de la Viña y el Vino (OIV, 2016), a nivel mundial el cultivo de la vid alcanzó su máxima extensión en el quinquenio 1975-1980, ocupando una superficie de 10.213.000 ha. A partir de aquí inició una importante caída que la llevó a las 7.877.700 ha en los inicios del siglo XXI, para seguir después con pequeñas variaciones con una ligera tendencia hacia la disminución de la superficie, llegando a las 7.511.000 ha en el año 2015. El continente europeo ha perdido desde 1980, dos millones de hectáreas motivado por la crisis económica mundial y por los programas de arranque y reconversión del viñedo financiados por la Unión Europea. No obstante, con algo más de 4 millones de ha (el 57% del total mundial), Europa sigue siendo el gran continente productor y consumidor de vino. El resto de la superficie mundial de vid se reparte entre Asia (22%), América (13%), África (5%) y Oceanía (3%).
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