La opresión fiscal de la minoría morisca en las ciudades castellanas. El caso de la ciudad de Avila

[ES]La existencia de una comunidad mudéjar en la ciudad de Ávila se halla documentada desde el año 1199 cuando el papa Inocencio III faculta al obispo de esta ciudad para obligar a los musulmanes a pagar los diezmos de los frutos producidos en los lugares tomados en renta a los cristianos. Los últim...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Tapia Sánchez, Serafín de
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:1986
País:España
Institución:Universidad de Salamanca (USAL)
Repositorio:GREDOS. Repositorio Institucional de la Universidad de Salamanca
OAI Identifier:oai:gredos.usal.es:10366/69770
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10366/69770
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Minorías
Ávila (España)
Opresión fiscal
Moriscos
Historia moderna y contemporánea
Modern history
Descripción
Sumario:[ES]La existencia de una comunidad mudéjar en la ciudad de Ávila se halla documentada desde el año 1199 cuando el papa Inocencio III faculta al obispo de esta ciudad para obligar a los musulmanes a pagar los diezmos de los frutos producidos en los lugares tomados en renta a los cristianos. Los últimos años del siglo XV no fueron propicios a la tolerancia en ningún punto del país; la tensión provocada por la larga y cruenta guerra de Granada debió acentuar las dificultades de los moros abulenses, a la vez que la expulsión de los Judíos tuvo que suscitar entre aquéllos la poco agradable sensación de estar en terreno enemigo. Parece que el número de mudéjares conoció en Ávila un importante descenso en los años que antecedieron a su forzosa conversión del año 1502; sin de la ciudad de la población. Las actividades en las que destacaban los «nuevamente convertidos de moros» eran las mercantiles y la artesanía del metal: de los 99 vecinos de los que conocemos su oficio a principios del siglo XVI 32 de ellos eran arrieros o mercaderes y 40 caldereros o herreros; en cambio el cultivo de las huertas atraía a muy pocos. Aunque alguno de ellos recibía de modestos ahorradores (casi siempre viudas) dinero «a pérdida e ganancia» para desarrollar su actividad, o incluso se quedaron en ciertas ocasiones con la contrata del abastecimiento de carne a la ciudad, los mariscos constituían n colectivo más bien pobre en general, en correspondencia directa con su escasa influencia social.